Martes 2 de septiembre 2025 | Devoción Matutina para Damas 2025

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2025 POSDATA: Más feliz en Cristo Sayli Guardado Lecturas Devocionales para Mujeres 2025

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2025
POSDATA: Más feliz en Cristo
Sayli Guardado
Lecturas Devocionales para Mujeres 2025

El terror invisible – 2ª parte

«El Señor se ha dado a conocer: ¡ha hecho justicia! El malvado queda preso en la trampa tendida por él mismo. Los malvados y paganos, los que se olvidan de Dios, acabarán en el reino de la muerte» (Salmo 9: 16-17).

El H. L. Hunley, uno de los últimos submarinos de propulsión humana, fue construido durante la Guerra Civil Estadounidense. Este sumergible pasó a la historia con el sobrenombre de «el ataúd Peripatético». Su estrategia consistía en pasar bajo el barco enemigo, colocarle una carga explosiva y, al alejarse, detonar la carga, hundiendo así al buque enemigo. La historia le reserva el crédito de haber sido el primer submarino que hundió un barco enemigo. Sin embargo, la trayectoria del Hunley fue más en su contra que a su favor.
Un día, en su embarcadero de Charleston, cuando estaba a punto de realizar una inmersión de prueba con toda la tripulación a bordo, el oleaje de un vapor que pasaba por allí cubrió al Hunley y el agua entró por las escotillas abiertas.
Inmediatamente se fue al fondo con todos los tripulantes excepto el capitán Payen, que pudo salir por una de las escotillas y logró sacarlo de las profundidades.
En el otoño de 1863 se volvió a inundar y a hundir. El 15 de octubre del mismo año, el propio capitán Payen tomó el mando e hizo una prueba de inmersión en la Bahía de Charleston. Llenó demasiado y muy rápidamente los tanques de proa, por lo que el submarino se inclinó y se fue al fondo. La luz se apagó y la tripulación, aterrorizada, quedó sumergida en el fondo del agua. No hubo ningún sobreviviente. Por tercera vez, el Hunley fue sacado del agua. La noche del 17 de febrero de 1864, salió sigilosamente para atacar al barco de guerra Housatonic. Cumplió su cometido, pero al explotar, el Housatonic lo arrastró junto con él al fondo del mar. Ambos navíos se hundieron. Ese fue el fin de un submarino que había sido creado para destruir.
Querida amiga, cuando nos disponemos a ser usadas como «submarinos de destrucción», siempre estamos expuestas a destruirnos y lastimarnos a nosotras mismas. Tal como le sucedió al Hunley, el destino final de quien se empeña en destruir es la autodestrucción. La buena noticia es que aún estás a tiempo de pedirle al Espíritu Santo que elimine toda mala actitud y mal pensamiento que naveguen en el mar de tu corazón.

Posdata: Feliz sin malos pensamientos ni sentimientos.

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