9 de agosto | Devocional: Alza tus ojos | Sigue el ejemplo de sacrificio de Cristo

Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Mateo 11:29.

Los que al final sean recibidos en el cielo como miembros de la familia real, deben aquí entregarse a sí mismos en cuerpo, alma y espíritu al servicio de Aquel que pagó el precio de su redención. Todo lo que tenemos y somos pertenece al Señor. “No sois vuestros”, declara el apóstol; “porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”. 1 Corintios 6:19, 20…

¿Te has consagrado totalmente al Señor? ¿Puede El usarte como un vaso para honra? ¿Estás realizando tu parte fielmente en su causa? A cada hombre le ha asignado Dios su tarea. Espera que cada creyente coopere con El en la obra de salvar almas. Cuando su causa sufre por falta de recursos, ¿cómo puede alguien poner precio a sus servicios, negándose a tomar su cruz diariamente y a practicar la abnegación por Cristo?

El cumplimiento de la promesa de que seremos coherederos con el Señor radica en nuestra disposición a negamos a nosotros mismos. Cuando Cristo tome posesión de su reino, serán los que en esta tierra lo siguieron con renunciamiento y sacrificio los que recibirán la recompensa de la vida eterna.

El llamado de Cristo al sacrificio y a una entrega sin reservas significa la crucifixión del yo. Para obedecer este llamado debemos tener una fe incondicional en El como Ejemplo perfecto, y una clara comprensión de que hemos de representarlo ante el mundo. Quienes trabajen para Cristo han de hacerlo a la manera de El. Han de vivir su vida. Su invitación a una entrega incondicional ha de ser suprema para ellos. No han de permitir que vínculo o interés terrenal alguno les impida rendirle el homenaje de sus corazones y el servicio de sus vidas. Perseverante e incansablemente han de trabajar con Dios para salvar las almas que perecen del poder del tentador.

Los que están así relacionados con Cristo aprenden constantemente de El, al pasar por las etapas sucesivas de progreso en la experiencia cristiana. Se les presentan dificultades y perplejidades para que puedan conocer más perfectamente la voluntad y el camino de Cristo. Pero oran y creen, y por la práctica su fe aumenta.

“Llevad mi yugo sobre vosotros”, dijo Cristo, mientras con una naturaleza humana vivió y trabajó en esta tierra. Constantemente cargó el yugo de la sumisión, haciendo frente a las dificultades que los seres humanos deben enfrentar, soportando las pruebas que ellos deben soportar. El enemigo nos atacará permanentemente como lo atacó a Cristo, induciéndonos a grandes tentaciones. Pero hay una vía de escape para cada uno.—Manuscrito 88, del 9 de agosto de 1903, “No te canses de hacer el bien”.

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DEVOCIONAL: ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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