8 de enero del 2026 | Devoción Matutina para Damas 2026 | Intercede por quien te ha ofendido

«Después de haber orado Job por sus amigos, el Señor lo hizo prosperar de nuevo y le dio dos veces más de lo que antes tenía» (Job 42: 10).

En nuestras interacciones, antes o después, nos tocará escuchar palabras duras; seremos calumniadas, expuestas en público o tratadas de manera injusta por alguien. Esto, a veces, nos puede llevar a reaccionar con frustración, ira, deseo de venganza, lágrimas o distanciamiento de la persona que nos ofendió. Es por este motivo que, hace años, decidí asumir otra postura: interceder por la persona que me ha ofendido. Esto me ha ayudado a disfrutar de muchos beneficios, uno de los cuales es poder ver al ofensor desde otra perspectiva.
Echemos un vistazo a la experiencia de Job, donde vemos la sabiduría de Dios al pedirle que orara por los amigos que lo habían ofendido, incluso calumniado. Esos hombres deben de haberse sorprendido mucho al ver que la persona a la que habían condenado intercedía por ellos ante Dios. Y es que necesitaban reconsiderar su concepto del amor y la misericordia divinos.
Cuando Job oró por quienes lo habían ofendido, demostró que deseaba el bien de ellos, que en su corazón no albergaba resentimiento, que no retribuiría mal con mal ni pediría a Dios el mal de ellos. Fue «después de haber orado Job por sus amigos» cuando Dios cambió la suerte de Job. ¡Qué significativo es esto! El resentimiento y el deseo de venganza son sentimientos negativos que mantienen a muchos en cautiverio; sin embargo, la práctica de interceder por los enemigos es la llave divina para librar a los ofendidos de esa prisión.
Interceder por la otra persona alivia nuestra alma de la angustia, de los deseos de venganza, del sentimiento de justicia propia y de la autocompasión.
Esto nos ayuda a percibir que no somos mejores ni más justas que la persona que nos ha ofendido. Ahora, el enemigo gigante pasa a ser de nuestro tamaño, alguien con virtudes y defectos, carente de misericordia tanto como nosotras.
Interceder por quienes nos ofenden es algo milagroso. Y aunque parece que lo hagamos por el bien del otro, en realidad quien se beneficia primero es el propio intercesor, es decir, una misma. Muchas veces, el ofensor ni siquiera imagina lo que ocasiona en nuestras emociones.
Cuando oramos, exponemos a Dios nuestras fragilidades y las del otro también. Somos entonces llenas del Espíritu Santo y recibimos las virtudes que pedimos para el otro. Por eso interceder por quien me ofendió fue la mejor reacción que pude tener tras una ofensa. Después, las personas que me habían decepcionado llegaron a convertirse en amigas y compañeras mías; y los momentos tensos se transformaron en momentos de paz. ¿Por qué no pones este método a prueba?
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2026



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