4 de octubre del 2026 | Devoción Matutina para Adultos 2026 | Dios no pasa nada por alto

«Entonces dirá el hombre: Ciertamente hay galardón para el justo; ciertamente hay Dios que juzga en la tierra» (Salmo 58:11, RV1960).

Cualquiera que haya comprado en el mercado sabe el valor que tiene una balanza bien calibrada. Cuando el peso es el correcto, no importa la insistencia de quien vende ni el apuro de quien compra; la aguja se queda quieta en el centro y muestra la cantidad exacta. A veces hay quienes alteran las pesas para sacar ventaja a costa del comprador descuidado, pero ese engaño solo se sostiene mientras nadie revisa la medida. De la misma manera ocurre en la vida: aunque en este mundo parezca que la mentira y el atropello quedan impunes, Dios tiene una medida justa que jamás se equivoca.
David escribió el Salmo 58 al ver con dolor cómo las autoridades y los jueces de su tiempo se vendían al interés propio y torcían la ley contra la gente humilde. Con profunda tristeza y valor, el salmista los confrontó diciendo: «¿Pesáis la violencia de vuestras manos en la tierra?» (Salmo 58:2). Causaba una gran herida ver que quienes tenían el deber de cuidar al inocente actuaban con tanta malicia. Sin embargo, David no se llenó de rencor ni intentó pagar el mal con mal; prefirió descansar en la certeza de que Dios pondrá las cosas en su lugar en el momento oportuno.
A cualquiera de nosotros le duele ver cuando a la persona tramposa le va bien mientras quien camina con honradez pasa necesidades. Cuesta mucho esfuerzo mantenerse íntegro cuando parece que hacer trampa abre puertas más rápidas. En momentos así, surge el desánimo y la tentación de pensar que todo nuestro esfuerzo ha sido en vano. La fe nos ayuda a no caer en ese engaño; nos da paciencia para seguir haciendo el bien sin amargarnos, recordando la advertencia de la Escritura: «todo lo que el hombre sembrare, eso también segará» (Gálatas 6:7).
Jesús sufrió en carne propia los juicios más corruptos y las burlas de este mundo, pero jamás respondió con odio; puso su causa en las manos de su Padre. Cuando enseñaba a la gente en el monte, el Maestro les dejó una promesa llena de consuelo: «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados» (Mateo 5:6). Cristo comprende el dolor que sientes frente a las injusticias, sostiene tu vida en la dificultad y volverá muy pronto en gloria para recompensar a quienes permanecieron leales.
Elena G. de White nos recuerda la perfecta equidad del gobierno divino:
«Dios juzga a cada hombre según sus obras […]. No hay en su gobierno una sola acción de injusticia» (El ministerio de curación, p. 343).
Comenzar el día con esta confianza nos llena de paz: nos libra del rencor y de querer pagar con la misma moneda, nos ayuda a trabajar con la conciencia tranquila y llena nuestro hogar de serenidad.
Si al comenzar este día sientes cansancio o decepción por alguna injusticia que te tocó vivir, no dejes que el resentimiento te robe la paz. Tu Padre celestial conoce cada lágrima que has callado, ve tu esfuerzo sincero por caminar recto y no se desentiende de sus hijos. Esta mañana puedes soltar el enojo y avanzar con tranquilidad. ¿Eliges hoy descansar en la justicia de Dios y mantener limpias tus manos, sabiendo que Él cuida de ti?

Oración:
Señor Jesús, pongo mi corazón en tus manos al empezar este día. Quita de mí toda amargura y el enojo ante las injusticias de este mundo; ayúdame a ser honrado en mis tareas diarias y a esperar con paciencia tu venida en gloria. En tu santo nombre, amén.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2026



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