4 de noviembre del 2026 | Devoción Matutina para Adolescentes 2026 | El dueño del plano
«Tuyos son los cielos, tuya es la tierra; tú fundaste el mundo y todo lo que contiene». — Salmo 89:11
Si entras a los servidores de un videojuego masivo en línea en su primer día de estreno, notarás que todo el mapa les pertenece a los programadores del estudio de animación. Ningún jugador en el mundo puede reclamar una montaña, una fortaleza o un objeto como de su propiedad privada, porque los creadores diseñaron cada línea de código desde su computadora. Por más que acumules monedas virtuales o pases horas explorando los terrenos digitales, las reglas del juego y los derechos del servidor siguen bajo el control absoluto de quienes construyeron el universo virtual.
El escritor de este poema expresaba una realidad muy parecida con respecto a nuestro planeta [89:11]. En aquellos tiempos, las naciones paganas vecinas se peleaban a muerte por conquistar un pedazo de terreno o una frontera, creyendo que sus reyes eran los amos absolutos del mundo conocido. Sin embargo, el salmista levantó los ojos al espacio y recordó que la propiedad total de la materia y de los seres vivos le pertenece únicamente al Creador. Él colocó los cimientos del universo y trazó las leyes de la física, por lo que nadie puede llamarse dueño legítimo de lo que Dios fundó con su poder divino.
A ti te pasa algo muy similar cuando te enfocas demasiado en las cosas materiales y entras en conflicto con tus hermanos por ver quién se queda con el mejor espacio en la habitación. También te ocurre al encorvar la espalda frente a las pantallas de tus dispositivos electrónicos, deseando con ansiedad las zapatillas de marca o los accesorios caros que presumen los creadores de contenido de moda en internet. Te dejas engañar por el brillo de las pertenencias temporales, olvidando por completo que todo lo que usas en tu día a día es un préstamo del verdadero Diseñador.
Para comprender cómo debes administrar tu mente y tus recursos sin caer en el egoísmo de la sociedad actual, Elena G. de White nos amonesta con estas palabras:
“Muchos en este mundo están demostrando ser deshonestos en el trato con los bienes de Dios. No aman la verdad. Se apartan de la justicia de Cristo para ir tras los elementos mendigos del mundo”. (Nuestra Elevada Vocación, pág. 352).
Jesús sabe perfectamente las presiones que sufres cada tarde cuando el entorno te empuja a acumular objetos vacíos para intentar llamar la atención de tus compañeros de la escuela. Él no quiere que vivas esclavo de las marcas ni de las apariencias artificiales, sino que reconozcas que tu propia vida forma parte de su propiedad exclusiva. Cuando entiendes que todo lo que posees viene de su mano protectora, tu corazón se limpia de la envidia y experimentas una tranquilidad inmensa que las modas de internet nunca te podrán otorgar.
Tu llamado a la acción para esta jornada consiste en ser un mayordomo excelente en tu casa. Ordena tus libros del colegio, comparte tus cosas de forma voluntaria con tu familia y cuida tu cuerpo de los malos hábitos, demostrando respeto por la propiedad del Creador.
Oración:
Padre celestial, te alabamos hoy porque reconocemos que tuyo es el universo y todo lo que hay en la tierra. Te pedimos que limpies nuestra mente del egoísmo y de la envidia por las cosas materiales en la escuela. Ayúdanos a depender por entero de tu gran poder divino y a cuidar con fidelidad lo que nos prestas cada día. En el nombre de Jesús, Amén.
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