31 de octubre del 2026 | Devoción Matutina para Adultos 2026 | La Justicia y la Paz se Besan

«La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron». Salmo 85:10 (RV1960)

El contexto del Salmo 85 nos lleva a una época en la que el pueblo de Israel sufría las consecuencias de sus malas decisiones, reconociendo su vacío espiritual y pidiendo con urgencia: «Restáuranos, oh Dios de nuestra salvación» (Salmo 85:4). En medio de ese clamor, el texto nos muestra una escena hermosa sobre cómo actúa Dios con nosotros. Hay días en los que el peso de los propios errores o la frustración de ver cómo se caen los planes nos dejan el ánimo por el suelo. En momentos así, es muy fácil pensar que Dios está enojado y lejos. Sin embargo, el versículo nos enseña un encuentro donde la misericordia y la verdad se unen, y la justicia y la paz se besan sin reproches.
Nos cuesta creer que Dios pueda mirarnos con agrado cuando nosotros mismos no logramos perdonarnos por las faltas cometidas. En esos momentos de desaliento, el clamor pidiendo avivamiento resuena al decir: «¿No volverás tú a darnos vida, para que tu pueblo se alegre en ti?» (Salmo 85:6). Esta pregunta nace de la necesidad imperiosa de experimentar un nuevo comienzo, sabiendo que la gracia divina sigue disponible a pesar de nuestras constantes debilidades cotidianas.
Frente a esa culpa que nos inmoviliza, el texto presenta una imagen donde la misericordia y la verdad de nuestra condición se encuentran de forma perfecta. Dicho en otras palabras, el amor compasivo del Creador abraza con total franqueza nuestra realidad humana; ya no hace falta ocultar nuestras flaquezas bajo apariencias engañosas, porque el sacrificio en la cruz armonizó el juicio divino con la paz que tanto necesitamos para vivir sin temor. El Señor no viene a cobrarnos cuentas imposibles, sino a sanar aquello que rompimos, respondiendo con bondad tal como se imploraba al pedir: «Muéstranos, oh Jehová, tu misericordia, y danos tu salvación» (Salmo 85:7).
Caminar bajo esta gracia transforma nuestra manera de ver el futuro. Ya no avanzamos arrastrando cadenas de condenación, sino sostenidos por el amor divino. Comprendemos que el reconocimiento sincero de nuestros pecados no es motivo para huir con terror, sino el paso necesario para encontrarnos con el Salvador que anhela sanar nuestras heridas y devolvernos la dignidad.
Al reflexionar sobre el descanso que encuentra el alma al recibir este don, Elena G. de White escribe en la página 200 de su obra El ministerio de curación: «El perdón de Dios no es meramente un acto judicial por el cual nos libra de la condenación; es también un derramamiento de amor». Esta maravillosa verdad nos recuerda que el Padre no solo borra nuestro historial, sino que llena nuestra vida de consuelo.
Hoy puedes dejar a un lado la culpa que te apaga, soltar las cargas que te duelen y permitir que su gracia limpie tus pensamientos. No tienes que cargar tú solo con lo que Jesús ya llevó. Abre las puertas de tu mente para recibir su paz, descansa en su perdón inmerecido y avanza con la seguridad de que su bondad te acompaña en cada paso.

Oración:
Padre celestial, hoy reconocemos que necesitamos tu guía y tu dirección en medio de las pruebas de cada día. Ayúdanos a caminar con un corazón sincero, dejando atrás los temores y descansando plenamente en tu amor infinito, sintiendo hoy tu presencia que nos envuelve y restaura para acercarnos más a tu corazón. En el nombre de Jesús, Amén.

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DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2026



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