26 de febrero del 2026 | Devoción Matutina para Damas 2026 | Posponer la recompensa

«Jacob, por su parte, dio a Esaú pan y guiso de lentejas. […] De esta manera menospreció sus derechos de hijo mayor» (Génesis 25: 34)

¿Has oído hablar de la prueba del malvavisco? Fue un experimento que llevó a cabo Walter Mischel, de la Universidad de Stanford, en los años sesenta y setenta del pasado siglo. Consistió en lo siguiente: a una serie de niños de preescolar, individualmente, se les ofrecía un malvavisco con la condición de que, si lograban esperar quince minutos sin comérselo, recibirían otro más. Luego, el investigador abandonaba la sala dejando al niño solo ese tiempo. Cuando regresaba, podía observar que algunos niños no habían podido contener el deseo de comerse el malvavisco; otros, indecisos, se habían comido un pedazo; y un número reducido de niños habían sabido esperar, conservando el dulce entero.
Años más tarde, se les hizo un seguimiento a todos esos niños y se observó que los que habían logrado esperar y posponer la recompensa eran personas más competentes, más osadas, con más autoconfianza y más sociables. En pruebas de aptitud, obtuvieron un resultado superior al de sus compañeros.
Los otros mostraron una mayor tendencia a la soledad, a la frustración y a la testarudez. Aunque ha habido objeciones a este experimento, sirvió para demostrar que la capacidad de posponer la recompensa (la victoria de la razón sobre los impulsos) es una señal de inteligencia emocional.
Sin duda, Esaú se hubiera comido el malvavisco en el acto. Posponer la recompensa no era su fuerte. Ni bien sintió el aroma del guiso, permitió que el deseo gobernara su razón y perdió la primogenitura. Por su parte, y yéndonos al extremo opuesto, vemos que Jesús, después de cuarenta días sin comer, fue tentado por el diablo a tener alimento instantáneo pero se mantuvo bajo el dominio de la razón. Fue capaz de identificar las tentaciones y no cedió a la autosatisfacción. Esaú no consiguió posponer la recompensa; Jesús no renunció a sus principios por una recompensa inmediata y destructora. La recompensa futura valdría infinitamente más la pena que un mísero trozo de pan.
Las recompensas inmediatas que el mundo nos ofrece pueden hacer que perdamos de vista la recompensa mayor, que es el cielo, y pueden llevarnos a acomodarnos al pecado. Por eso, posponer la recompensa es un arte que debemos aprender todos los que deseamos estar capacitados para lidiar con conflictos. En términos espirituales, esa capacidad, que solo se obtiene por medio de audiencias diarias con Dios, nos trae victorias.
Mantente atenta a toda posible tentación que te lleve a buscar una recompensa inmediata. Mantén la vista en la recompensa a largo plazo, la cual disfrutarás por la eternidad.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2026



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