24 de febrero del 2026 | Devoción Matutina para Damas 2026 | Una amiga a la que rendir cuentas

«Acepto que el justo me corrija, considero un acto de bondad que me reprenda; yo nunca rechazaría eso» (Salmo 141: 5, PDT).

No nos resulta natural admitir nuestros errores, ser transparentes o hablar de nuestras heridas y problemas íntimos. El orgullo y el miedo nos llevan a no exponernos. Pero, cuando nos protegemos para que los demás no puedan ver nuestro verdadero yo, es como si nos pusiéramos una coraza.
Es importante que nosotras, las mujeres, tengamos al menos una o dos amigas a las que podamos abrirles el corazón sin miedo a ser condenadas, y dispuestas a aceptar su consejo, su hombro o, si es necesario, su reprensión.
Este tipo de amistad que permite la reprensión no tiene un objetivo punitivo, sino preventivo.
Las personas elegidas para desarrollar este vínculo con nosotras deben tener una relación viva con Dios y estar comprometidas con el bienestar de la otra. Deben ser amigas que no permitan ver a la otra persona caer en el abismo sin advertirla cuando aún existe la posibilidad de recuperación. Aquellas que tengan el coraje de exponerse así, alcanzarán como consecuencia un nuevo nivel de madurez. David y Jonatán tenían este tipo de compromiso mutuo que daba libertad al otro para decir la verdad sin miedo.
Cuando somos autosuficientes y creemos que no debemos rendirle cuentas a nadie, corremos el riesgo de dar la imagen de que todo nos va perfectamente bien cuando, en realidad, no estamos progresando, porque, en lugar de llegar a ser lo que realmente necesitamos ser, seguimos siendo tan solo lo que somos.
Es triste ver a mujeres de gran potencial fracasar porque tienen una influencia externa que no les permite analizar sus defectos de carácter y trabajarlos.
Busca una amiga que se preocupe por tu relación con Dios, que te pregunte si pasas tiempo con él, que esté interesada en saber si estás enfrentando alguna tentación o si tienes heridas y problemas. Para ello, debes superar el miedo a ser conocida tal cual eres y a rendir cuentas. Si no lo haces, te arriesgas a vivir siendo espiritualmente ciega por causa de tu orgullo, y a destruirte a ti misma.
Y si bien es cierto que necesitamos a una amiga así, también es cierto que nosotras mismas podemos ser esa amiga que, de manera firme y gentil, ayude a otra a alinear su vida con su identidad de hija de Dios y su responsabilidad como tal. Ya sea que se trate de «invadir» el espacio de otra o de que tu espacio sea «invadido», busca un compromiso con Dios y su voluntad. ¡Que experimentes ese proceso en el nombre de Jesús y para su honra y gloria!
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2026



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