23 de febrero del 2026 | Devoción Matutina para Adolescentes 2026 | Una piscina de ensueño

«VE A LAVARTE EN EL ESTANQUE DE SILOÉ» (JUAN 9:7).

Soy un fan declarado de las piscinas. En mis viajes siempre me anima saber que puedo descubrir lugares increíbles para darme un chapuzón refrescante. ¿Quieres saber cuáles son las piscinas más bonitas del mundo?
En Suiza hay un hotel cuya piscina aclimatada está al aire libre, rodeada de un inmenso paredón de picos nevados. Te quita el aliento, y no por el frío.
En el Tíbet (¡prepárate!), en la ciudad de Lasa (a 3.657 metros de altura) hay un salón de baño con los azulejos revestidos de oro. Ese baño dorado es digno de la nobleza.
Y en Swala, Tanzania, es posible nadar con la escenografía de la sabana africana. La diferencia es que todo es de verdad, incluso las jirafas que pasean y las cebras que desfilan por ahí.
Hay un hotel en Bali, Indonesia, que posee una piscina increíble cuyo borde infinito se pierde en la selva de un valle cortado por ríos. Un enigmático clima tropical flota en el aire húmedo.
En Tailandia hay una piscina que parece que salió de la primera plaga de Egipto. Es rojísima, pero no de sangre, sino de increíbles ladrillos rojizos. Algo muy diferente a lo que hayas visto alguna vez.
¿Y en las Maldivas? Abre bien los ojos, porque de noche verás una piscina de lujo que está revestida con más de mil luces LED fluorescentes. Literalmente, tienes la sensación de estar nadando en las estrellas.
Debo decir, sin embargo, que ninguna de estas piscinas paradisíacas se compara con el estanque de Siloé. Un mendigo ciego de nacimiento que se lavó los ojos en esas aguas ordinarias provocó todo un revuelo en Jerusalén.
El hombre se refregó los ojos y vio su rostro reflejado en el agua por primera vez. Sus gritos se escucharon desde lejos, y eso enojó tanto a los fariseos que encontraron la manera de expulsar al exciego de la sociedad. Pero él se volvió a encontrar con Jesús al final del día y vio por primera vez al hombre-Dios más extraordinario del universo.
¡Claro! Ni el oro ni las luces LED son capaces de convertir una piscina cualquiera en un recipiente del poder milagroso de Dios. Solo Cristo pudo y podrá hacer eso en tu vida. Jesús murió en una cruz para darnos vida eterna. Y eso no se compara a ninguna piscina digna de tarjeta postal que pueda haber en este mundo.
¿Ya oraste para pedirle al Señor que haga un milagro en tu vida hoy? Él convertirá un estanque común en una piscina infinita. Y nadar solo será un detalle menor en medio de tanta bendición. ¿Estás preparado?
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADOLESCENTES 2026



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