2 de julio | Devocional: Alza tus ojos | Manténgase en ascenso

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Romanos 12:2.

Dios no aceptará nada menos que una entrega total. Los cristianos profesos, fríos y pecaminosos arruinarían el cielo si se les permitiera entrar en él. Incitarían allí a una segunda rebelión. Aquellos que conocen la verdad y sin embargo no exaltan a su Autor, nunca ingresarán en la ciudad de Dios. El cielo sería un purgatorio para ellos, porque no conocen los elevados y santos principios que rigen a los miembros de la familia real de lo alto.

Las instrucciones que Cristo ha dado son tan preciosas y tan definidas que nadie tiene por qué dar un paso en falso… No pensemos que porque nuestros pies han marchado por senderos tortuosos, todos los demás cristianos profesos han hecho lo mismo. Aquel que en el pasado tuvo la costumbre de criticar comience a ascender la escalera al cielo, manteniendo sus ojos fijos en la luz que está en lo alto.

El verdadero cristiano tiene las ventanas del alma abiertas al cielo. Vive en comunión con Cristo. Su voluntad se conforma a la voluntad de Dios… ¿No nos comportaremos, en los pocos días de prueba que nos quedan, como hombres y mujeres que procuran vivir en el reino de Dios una eternidad de dicha?

Debemos esforzarnos fervientemente por alcanzar el nivel puesto ante nosotros. No hemos de hacerlo como una penitencia sino como el único medio de lograr la verdadera felicidad. El único modo de obtener paz y gozo es mantener una relación viviente con El, quien dio su vida por nosotros, el que murió para que pudiésemos vivir y el que vive para aunar su poder a los esfuerzos de aquellos que en esta vida lucha por vencer.

La santidad es un pacto constante con Dios. ¿No seremos lo que Cristo tanto desea que seamos: cristianos de hecho y en verdad, de modo que el mundo pueda ver en nuestras vidas una revelación del poder salvador de la verdad? Esta tierra es nuestra escuela preparatoria, y mientras estemos aquí enfrentaremos aflicciones y dificultades. Pero estamos seguros mientras nos aferramos al que dio su vida como sacrificio por nosotros…

En la escuela preparatoria de la tierra debemos aprender las lecciones que nos harán idóneos para ingresar en la escuela superior, donde la educación continuará bajo la dirección personal de Cristo. Entonces nos revelará el significado de su Palabra. No podemos permitimos perder el privilegio de ver su rostro y oír el Evangelio de sus labios. ¿No pondremos íntegramente nuestras almas a la obra de prepararnos para ser admitidos en la escuela superior, donde veremos a Cristo cara a cara?—Manuscrito 61, del 2 de julio de 1903, “Entrega sin reservas”.

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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