12 de febrero del 2026 | Devoción Matutina para Adultos 2026 | Separado de él, no puedes hacer nada

«Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer» (Juan 15: 5).

Hoy día, se vive en medio de una cultura consumista que ha afectado a todos los sectores de la vida. Para asistir a una fiesta de cumpleaños no es suficiente un abrazo y buenos deseos, la sociedad espera que lleves un obsequio. Los centros comerciales o las plazas han aprovechado eficientemente la debilidad de las mujeres para hacerlas su blanco preferido de mercado. Todos conocen que las estadísticas consideran al sexo femenino como el que más compra. De hecho, la mercadotecnia está enfocada hacia él.
Es una euforia en cada fecha comercial conseguir las mejores ofertas e incluso parece un triunfo exhibir algún artículo especial con el objetivo de recibir el comentario:
«¿Dónde lo compraste? ¿Cuánto te costó? ¡Ah! Mira qué lindo. Yo quiero uno». Se compra de todo, pero cuanto más bueno, bonito y barato mejor.
¡Cuán diferente es cuando alguien habla del plan de salvación! Cuando escuchas que algo tan inmensamente bueno es gratuito, no lo puedes creer. Aquí todo cuesta, aunque esté en oferta, así que hay una tendencia en el ser humano a hacer algo, a colaborar con el Señor de alguna manera para ser merecedor de tan inmenso don.
Pero ¿qué puedes hacer por ti mismo? Para algunas personas, la declaración del Señor «separados de mí nada podéis hacer» puede sonar irrisible. ¿Es un reto? ¿Algún tipo de psicología inversa? La respuesta es nada, absolutamente nada. Todo lo bueno proviene de Dios. Lo mejor que puedas hacer estará siempre salpicado de la contaminación del pecado natural del ser humano. ¿01ié de bueno puede hacer el ser humano por sí mismo? Tristemente nada.
El Señor ha hecho todo. Él pagó el precio de la salvación con su muerte en la cruz, ha enviado al Espíritu Santo para ayudarte a obedecer y el ser humano está imposibilitado para hacer lo bueno por sí mismo. Su única garantía es dejar que Cristo haga en él la buena obra de transformación, que lo empodere para hacer lo que naturalmente no puede hacer.
Puede sonar chocante para muchos -quizá hasta ridículo-el hecho de que no puedan hacer nada por sí mismos. Las buenas intenciones y las buenas obras son generadas por el Espíritu Santo en tu vida. El Señor trabaja en ti desde antes de nacer e imperceptiblemente empieza a transformar la conciencia para hacerla sensible a su voz. Lo lindo del caso es que, aunque sabe que no puedes hacer nada por ti mismo, no es un obstáculo que lo haga rendirse; trabaja con y por ti hasta que hagas su voluntad y hasta que tu actuar sea el de él, porque todo es por su gracia.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2026



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