1 CORINTIOS 13:13: Lo que Permanece para Siempre | Hugo Lamela

REFLEXIONES DE LA BIBLIA
Texto base: «Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.» (1 Corintios 13:13)

En la jornada del pueblo adventista hacia la Canaán celestial, muchas cosas a nuestro alrededor cambian y se desmoronan. Sin embargo, el apóstol Pablo nos señala tres pilares eternos que sostienen la vida espiritual en medio del Gran Conflicto, coronando al amor como la esencia misma del reino de Dios.
1. La fe que nos sostiene en el presente («Y ahora permanecen la fe…») La fe es el motor de nuestra caminata diaria. Es la certeza de que Dios cumple Sus promesas y el escudo que apaga los dardos del enemigo. Como remanente que guarda la ley de Dios, entendemos que no nos salvamos por nuestras obras, sino por la fe en los méritos de Jesús. La fe nos permite mirar el Santuario Celestial y saber que tenemos un Intercesor fiel.
2. La esperanza que mira hacia el futuro («…la esperanza…») Para un adventista, la esperanza no es un deseo vago; es la bendita esperanza del segundo advenimiento. Es el ancla del alma que nos impide naufragar ante las crisis mundiales, las enfermedades o la muerte. La esperanza nos recuerda cada mañana que el dolor presente es temporal y que Cristo viene pronto a restaurar todas las cosas.
3. El amor que trasciende la eternidad («…pero el mayor de ellos es el amor.») ¿Por qué el amor es el mayor de los tres? Porque la fe y la esperanza tienen fecha de caducidad. Cuando Cristo regrese en las nubes de los cielos, la fe se convertirá en vista y la esperanza se transformará en una hermosa realidad; ya no las necesitaremos. Pero el amor (Ágape) nunca dejará de ser. El amor es el carácter de Dios, y es lo único que nos llevaremos al cielo. Elena de White menciona en El camino a Cristo que el amor es el suelo donde florecen todas las demás gracias.
Oración Final
«Padre Celestial, te agradezco por el regalo de Tu Palabra que da firmeza a mis pasos. En un mundo donde todo parece ser pasajero, te pido que implantes en mi corazón estas tres virtudes eternas.
Fortalece mi fe para depender por completo de tus méritos y no de mis fuerzas; aviva mi esperanza para mantener los ojos fijos en las nubes de los cielos aguardando Tu pronto regreso; y, por sobre todas las cosas, lléname de Tu amor. Que Tu Espíritu Santo transforme mi carácter hoy, para que pueda amar a los demás como Tú me has amado a mí. Prepárame para vivir por la eternidad en Tu presencia. En el nombre de Jesús, Amén.»
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