Viernes 6 de octubre 2017 | Devoción Matutina para Adolescentes | Una fuga y un policía que se queda atrás

«Jesús le dijo: ‘Tampoco yo te condeno: ahora, vete y no vuelvas a pecar'» (Juan 8:11)

La luz apuntándome directamente a los ojos fue la primera pista que tuve de que nos habían descubierto. Mi novio y yo nos habíamos ido del partido de baloncesto para besarnos a hurtadillas, creyendo que habíamos sido muy listos. ¿Cómo podían seguirnos la pista si todo el mundo estaba viendo el partido? Pues, la decana era más lista de lo que pensábamos porque, en cuestión de minutos, estaba dando vueltas por la universidad, buscándonos. Divisó nuestras siluetas entre los arbustos y se acercó a donde estábamos besándonos, por lo que no hubo manera de mentir ni lugar en el cual escondernos. Habríamos elegido un lugar mejor para ocultarnos de saber que nos iban a descubrir tan rápido. Pasamos la semana siguiente castigados y sin poder vernos, como lo teníamos merecido.
Cuando los dirigentes de la iglesia descubrieron a la mujer del versículo de hoy, estaba haciendo algo más que besarse con alguien. ¡La sorprendieron cometiendo adulterio! No estoy segura de qué hicieron con el hombre… Bueno, sí, ¡no hicieron nada! A ella, en cambio, la llevaron ante Jesús para que sea apedreada. En lugar de tomar una piedra, Jesús escribió en la tierra. Cuando se levantó y dijo que aquel que estuviera libre de pecado lanzara la primera piedra, todos se vieron atrapados: sus pecados estaban escritos en el piso. Uno a uno se fueron marchando en silencio, hasta que solo quedaron Jesús y la mujer. Jesús no era como aquellos hombres: él nunca había pecado, por lo que era el único hombre que sí podría haberla apedreado; sin embargo, hizo algo increíble: no la condenó, sino que le dio una gracia inmerecida. Y le dijo: «Cambia tu manera de actuar, limpia tu vida, deja atrás tus pecados».
Sigue siendo común juzgar a los demás y pensar que Dios nos da licencia para hacer lo que queremos. Pero ¿sabes qué es lo curioso de la gracia? Que te transforma. Cuando realmente te das cuenta de que eres un desastre y de que no mereces tal regalo, la gracia crea en ti el deseo de ser una persona mejor. Si Dios te dejara tal y como eres, vivirías atrapado en tus pecados para siempre. Cuando Dios te salva, quiere que disfrutes de una » nueva vida; y la única manera de hacerlo es dejando atrás el pecado. Darte cuenta de que recibes una gracia inmerecida puede transformar tu corazón.
MH

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADOLESCENTES 2017
FUSIÓN
Melissa y Greg Howell
Un punto de encuentro entre tú y Dios
Lecturas Devocionales para Adolescentes 2017

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