Viernes 6 de julio 2018 | Devoción Matutina para Adultos | Oración de alegría

Por cuanto me has alegrado, oh Jehová, con tus obras; en las obras de tus manos me gozo. Salmo 92:4.

Es acaso la alegría simplemente un sentimiento, una emoción o un estado ¿ de ánimo circunstancial? ¿O es algo más profundo, que está en el fundamento mismo de la vida, constituyendo así la fuente de toda la creación? ¿Podemos vivir sin alegría? ¿Es ella simplemente una opción o una necesidad de la existencia?

Cuando hablamos de la alegría no nos referimos a ese sentimiento vano que domina a los espíritus superficiales, y del cual debemos precavernos, porque “la necedad es alegría al falto de entendimiento; mas el hombre entendido endereza sus pasos” (Prov. 15:21). La alegría no nace de la necedad.

No se trata tampoco de la alegría que proviene del poder sobre las cosas, la posibilidad de obtener riquezas, ni aun del poder sobre otras personas (ver Juec. 16:25). La verdadera alegría no nace de tener cosas ni personas bajo nuestro dominio. No se trata, entonces, de la alegría del poder, sino del poder de la alegría. Este poder proviene de Dios, pues de Dios proviene la verdadera alegría.

La Escritura declara que del Trono de Dios fluyen “poder y alegría” (1 Crón. 16:27), y que el Señor es el que da “alegría a mi corazón” (Sal. 4:7). La promesa de Dios, desde los siglos, es llenarnos de alegría con su presencia (Sal. 21:6). Ya el salmista conocía muy bien la alegría que había experimentado con la convicción de la salvación, y que el pecado le había robado; por eso dijo: “Hazme oír gozo y alegría; y se recrearán [nuevamente] los huesos que has abatido” (Sal. 51:8).

Bendita paradoja: ¡Dios convierte la tristeza del arrepentimiento en alegría (ver 2 Cor. 7:10)! La alegría es la primera señal de que nuestro corazón está sanando. No hay alegría en la tristeza, sino que de la conciencia de nuestras debilidades, del arrepentimiento de nuestro pecado, nace la renovación. Entonces, hay alegría en el cielo (Luc. 15:7).

Pero, además, tú y yo experimentamos gran alegría en el servicio al prójimo: “Y perseverando unánimes [los discípulos] […] partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría” (Hech. 2:46).

¡Tú eres la alegría de Jesús! ¡Y Jesús es tu alegría! ¡Tu corazón canta por el gozo de la gracia divina!

Oración: Señor, me alegro en tu salvación.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2018

LAS ORACIONES MÁS PODEROSAS DE LA BIBLIA

Ricardo Bentancur

Lecturas devocionales para Adultos 2018

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