Viernes 30 de noviembre 2018 | Devoción Matutina para Jóvenes | Los planes de Dios prevalecen

 “En las manos del Señor el corazón del rey es como un río: sigue el curso que el Señor le ha trazado” (Proverbios 21:1, NVI].

Desde 1796, Napoleón Bonaparte había decidido liberar Roma del poder papal. Cuando el papa Pío VI oyó esto, envió un emisario a Napoleón en Milán para proponerle un trato, ofreciendo fuertes indemnizaciones y la rendición de Ancona, Bolonia y Ferrara. Ante esta actitud, los franceses demandaron que el pontífice romano revocara, se retractara y anulara todas las bulas, escritos y decretos que afectaban los asuntos eclesiásticos de Francia, publicados desde el inicio de la Revolución. Pío VI rehusó obedecer a Napoleón, declarando que se opondría incluso por la fuerza. Napoleón tomó Imola, la Romaña y el ducado de Urbino. Más adelante, Bonaparte negoció el Tratado de Tolentino el 19 de febrero de 1797, por el cual el papa abandonaba Aviñón, Venaissin, Bolonia, Ferrara, Romaña y, además, asumiría fuertes indemnizaciones para con los franceses. No obstante, el tesoro papal no podría con tantos impuestos.

Posteriormente, los ánimos se encendieron en contra del poder francés, de modo que tropas papales avanzaron hacia la embajada francesa en Roma y asesinaron al general francés Mathurin-Léonard Duphot en diciembre de 1797. Aquello desató la crisis. El 1 de enero de 1798 el general Louis A. Berthier, entonces en Milán, recibió órdenes de trasladarse a Roma y conquistarla para implantar la República romana. El 15 de febrero de 1798, el mismo día en el que Pío VI celebraba el aniversario de su ascensión al pontificado, Berthier entró en Roma sin derramamiento de sangre, retiró las armas y las insignias papales de los edificios y, estando Pío VI festejando su conmemoración, el general francés irrumpió en el salón y declaró que el reino del papa se había terminado. Ese mismo día proclamó la República romana. El papa fue apresado y llevado a distintos lugares a manos de soldados franceses. Pasó por Florencia, Parma, Turín y, finalmente, a la fortaleza francesa de Valence-sur-Rhóne, donde murió el 29 de agosto de 1799.

Napoleón Bonaparte fue el medio que Dios utilizó para dar cumplimiento al final de la profecía de los 1.260 días, que se inició en el año 538 d.C., donde se describía el dominio del papado (Daniel 7:25; Apocalipsis 11:3; 12:14; 13:5). Así es. El poder de los gobernantes de este mundo llega hasta donde Dios se lo permite. Al final, él conduce los destinos del planeta porque es su verdadero Soberano.

Este día, da gracias al Señor porque él está detrás de la historia dándole al mundo el rumbo que ha anunciado en su Palabra.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2018

¡RENUÉVATE!

Alejandro Medina Villarreal

Lecturas devocionales para Jóvenes 2018

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