Viernes 29 de agosto 2025 | Devoción Matutina para Damas 2025

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2025 POSDATA: Más feliz en Cristo Sayli Guardado Lecturas Devocionales para Mujeres 2025

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2025
POSDATA: Más feliz en Cristo
Sayli Guardado
Lecturas Devocionales para Mujeres 2025

Una estrategia de guerra

«El enemigo había pensado: «Los voy a perseguir hasta alcanzarlos, y voy a repartir lo que les quite hasta quedar satisfecho. Sacaré la espada, y mi brazo los destruirá»» (Éxodo 15: 9).

Se cuenta que Darío I, rey del Imperio Persa, con el deseo de ensanchar su territorio fue a la conquista de Grecia. Pero, antes de invadir Grecia, quiso someter a los escitas, un pequeño pueblo que, según Darío, podría atacarlo desde el norte. Se dispuso que, en sesenta días, los escitas estuvieran bajo su dominio.
Al enterarse los escitas de las intenciones del rey Darío, inmediatamente mandaron a pedir ayuda a sus vecinos, pues eran conscientes de que no tenían esperanzas contra los 700,000 hombres de Persia. Sin embargo, solo tres de los pueblos vecinos les brindaron ayuda, por lo que los escitas adoptaron una estrategia evasiva de guerra y decidieron no pelear en campo abierto. Se dividieron en dos grupos, y el grupo más veloz avanzó para dejarse ver por los persas.
Cuando estos los divisaron, comenzaron una infructuosa persecución contra ellos. Parecía que los persas perseguían a un fantasma. Cansados, enfermos y sin suficiente alimento, las tropas de Darío comenzaron a mermar.
El comandante persa no entendía por qué los escitas no peleaban, y el plazo de sesenta días estaba a punto de cumplirse. Cierto día, finalmente, vio una formación de jinetes escitas que avanzaban para la batalla; al fin los tenía en sus manos, pues sabía que en pelea cuerpo a cuerpo él ganaría. De pronto, los escitas cruzaron a todo galope la llanura con gritos de regocijo y júbilo, pero no se dirigieron hacia él. Más tarde Darío supo por un mensaje de un lugarteniente que los escitas, ante la mirada del poderoso ejército persa, habían visto una liebre y se habían ido a cazarla en lugar de ir a pelear. «Mucho es lo que nos desprecian estos hombres», dijo Darío, y mandó la retirada. Así prevalecieron los escitas ante el gran imperio persa.
Los escitas eran menos, pero su estrategia evasiva les dio una victoria y la conservación de su libertad. En la guerra que el pueblo de Dios está librando, necesitamos hacer uso de estrategias que nos permitan ser libres para continuar difundiendo el mensaje de la salvación. No hay necesidad de enfrentarnos solos al enemigo ni de tratar de demostrar que podemos pelear contra él. Sus provocaciones hacia el pueblo de Dios son precisamente porque él sabe que, si pelea con nosotros cuerpo a cuerpo, nos vencerá. La buena noticia es que el pueblo de Dios es un remanente que Dios mismo llevará a la victoria.

Posdata: Feliz porque Dios pelea por mí.

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