Viernes 22 de abril 2022 | Devoción Matutina para Damas 2022

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2022
SIN MIEDOS NI CADENAS
Vanessa Pizzuta
Lecturas Devocionales para Mujeres 2022

Luchando con Dios

«Entonces Jacob se quedó solo en el campamento, y llegó un hombre y luchó con él hasta el amanecer» (Gén. 32:24, NTV).

Tal vez Jacob creyó que sus peores miedos se habían hecho realidad. Aquella noche, antes de cruzar el Jordán, es probable que pensara que el hombre con quien luchaba era su hermano, Esaú. ¡Ellos no se habían visto por años! En la oscuridad y el temor de la noche, Jacob no entendía con quién peleaba en realidad. Estaba acostumbrado a manipular las situaciones y salirse con la suya, usando su astucia. Jacob sabía cómo depender de sí mismo y lograr lo que deseaba a cualquier costo. Habituado a vivir así, luchó con todas sus fuerzas contra aquel hombre hasta el amanecer. Entonces, mientras rayaba el alba, el visitante reveló su verdadera naturaleza y la de la lucha. Jacob estaba, tal como Pablo, luchando con Dios (Hech. 26:14). Entonces, extendiendo su mano, Dios tocó la cadera de Jacob y esta se dislocó.
Pero ¿por qué lucharon toda la noche? Dios podría haber ganado esa pelea en tres segundos. Llegaba, tocaba la cadera de Jacob, y knock out. Sin embargo, Jesús eligió luchar con él toda la noche (limitando sus fuerzas, para que Jacob pudiera hacerle frente). ¿Para qué? Tal vez para que Jacob estuviese lo suficientemente cansado como para admitir su derrota espiritual.
El famoso predicador inglés Charles Spurgeon comenta que Jacob pensó que el verdadero enemigo estaba fuera de él, que era Esaú. Pero el verdadero enemigo era su propia naturaleza carnal, que no había sido conquistada por Dios. Exhausto, Jacob finalmente admite que no puede solo y que necesita ayuda. Aferrándose al visitante dice: «No te dejaré ir a menos que me bendigas» (Gén. 32: 26, NTV). En ese momento de debilidad y necesidad absoluta, Jacob alcanzó su mayor victoria.
Hay una batalla que se libra en nuestros corazones. En El camino a Cristo, Elena G. de White la describe con estas palabras: «La guerra contra nosotros mismos es la batalla más grande que jamás se haya reñido. Rendir el yo, entregando todo a la voluntad de Dios, requiere una lucha. Ahora bien, para que el alma sea renovada en santidad, ha de someterse antes a Dios» (cap. 5, p. 66). Por más extraño y doloroso que parezca, Dios nos bendice al tocar la coyuntura y revela la naturaleza espiritual de la pelea.

Señor, te ruego que agotes las fuerzas y los recursos que uso para luchar
contra ti. No quiero seguir dando coces contra el aguijón. Necesito tu ayuda.
Bendíceme; sin ti no puedo continuar.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2022
SIN MIEDOS NI CADENAS
Vanessa Pizzuta
Lecturas Devocionales para Mujeres 2022



(2506)

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*