Viernes 20 de julio 2018  | Devoción Matutina para Adultos | Oración de la tarde

Suba mi oración delante de ti como el incienso, el don de mis manos como la ofrenda de la tarde. Salmo 141:2.

Hay dos ideas que se destacan en este texto: el incienso de la oración y el sacrificio de las manos desnudas.

El incienso tenía un gran valor simbólico en el Santuario de Israel, que se dividía en tres partes: el atrio exterior, el Lugar Santo y el Lugar Santísimo. El altar del incienso estaba en el segundo de ellos, en el Lugar Santo, y el altar de los holocaustos estaba ubicado en el patio exterior. El sacerdote encendía el incienso dos veces al día, por medio de las brasas que traía del altar de los holocaustos desde el atrio exterior. De este modo, las coronas de humo fragante ascendían a lo alto. Durante todo el día el incienso ardía en el altar. Dice Elena de White: “Al presentar la ofrenda del incienso, el sacerdote se acercaba más directamente a la presencia de Dios que en ningún otro acto de los servicios diarios” (PP 365).

¿Qué simboliza el incienso? Juan nos da la clave cuando dice que los que adoraban a Dios en el cielo tenían “copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos” (Apoc. 5:8). Las oraciones que suben diariamente desde el altar de nuestro corazón son incienso fragante para el Señor. Pero solo son aceptadas por el Señor cuando se completa el cuadro: Te ofrezco el don de mis manos como ofrenda.

El don de mis manos, como la ofrenda de la tarde, completaba la obra de la oración. La figura literaria que usa David es impactante: las manos desnudas expresan impotencia, reconocimiento de que nuestras manos vacías solo pueden ser llenadas por Dios. Dios no necesita nuestras manos (ver Hech. 17:24,25). Nuestras manos lo necesitan a él. Dios llena nuestras manos vacías para llenar de bendiciones las manos de los que nos necesitan: “Hemos de entregarnos al servicio de Dios, y deberíamos tratar de hacer esta ofrenda tan perfecta como sea posible” (ibíd.).

Naces con los puños cerrados, y mueres con las manos abiertas, dice el Talmud. Nada te llevarás de esta Tierra. Nadie te recordará por lo que acumulaste en tu vida. Todo lo que dejarás aquí son tus oraciones expresadas en actos de amor a tu prójimo.

Oración: Señor, llenas nuestras manos para servirte y servir al prójimo.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2018

LAS ORACIONES MÁS PODEROSAS DE LA BIBLIA

Ricardo Bentancur

Lecturas devocionales para Adultos 2018

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