Sábado 7 de marzo del 2026 | Devoción Matutina para Damas 2026

Portada - Devoción Matutina Damas 2026

Portada – Devoción Matutina Damas 2026

La verdadera honra

«Yo honro a los que me honran» (1 Samuel 2: 30).

Todos los lunes por la noche escuchaba lo mismo: «Mirian, el profesor de Portugués nos avisó de que te va a reprobar por tus faltas a clase». Yo faltaba a esa materia los viernes porque se impartía tras la puesta de sol. Les había explicado el porqué a otros profesores, pero no al de Portugués. A pesar de mis ausencias, procuraba hacer los trabajos con dedicación y estudiaba mucho, aun cuando estaba casada, tenía una hija y daba clases.
Un día, le expliqué al profesor de Portugués que no iba a su clase porque guardaba el sábado desde la puesta de sol del viernes. Le aseguré que estaba dispuesta a hacer todos los trabajos que me pidiera para compensar esas ausencias, pero él, mirándome con desdén, me dijo: «¡¿Cómo una joven inteligente puede creer en cuentos de hadas?! Pídele a tu pastor que te libere de guardar el sábado o no tendrás chance de aprobar». Respiré. «Profesor, es un acuerdo entre Dios y yo. Se trata de mi fidelidad a ese acuerdo», le dije. «¿Y vas a reprobar por eso?», preguntó. «Estoy en sus manos. Respeto su buen criterio y me someto a él. Si tengo que reprobar, reprobaré», respondí.
Oré al respecto. Al finalizar el primer bimestre, tenía muchas faltas y un 7 de nota media (frustrante para mis exigencias). No me había ido tan mal porque las tres pruebas de los viernes valían un punto cada una, mientras que la otra, en la mitad de la semana, valía siete. Volví a hablar con el profesor: «No ponga exámenes en viernes», le pedí. Él se río irónicamente. Yo seguí orado.
Un viernes por la noche en el que había examen, hubo huelga de transportes, así que se pospuso para otro día. Yo le había dicho, bromeando: «Profesor, no ponga exámenes los viernes; habrá imprevistos», y había orado para que se produjeran esas providencias. Sorprendentemente, otro viernes hubo un partido importante de fútbol y muchos alumnos faltaron al examen. La tercera providencia fue que, un jueves que era feriado, la facultad decidió cerrar también el viernes. De nuevo el examen se pospuso para otra fecha.
Mis notas mejoraron y me puse feliz. Además, por otra providencia, no fui reprobada por mis faltas de los viernes. Dios honra a los que lo honran y, en la graduación, fui sorprendida al recibir homenajes y abrazos, inclusive del profesor de Portugués, por haber sido una de las mejores alumnas del curso.
¿Estás enfrentando dificultades por guardar el sábado? No negocies con tu fidelidad a Dios por ninguna ventaja. Confía en su providencia. Tu obediencia y confianza serán recompensadas.

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