Sábado 2 de julio 2022 | Devoción Matutina para Damas 2022

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2022
SIN MIEDOS NI CADENAS
Vanessa Pizzuta
Lecturas Devocionales para Mujeres 2022

Oír desde afuera

«No empleen un lenguaje grosero ni ofensivo. Que todo lo que digan sea bueno y útil, a fin de que sus palabras resulten de estímulo para quienes las oigan» (Efe. 4:29, NTV).

Me molesta oír mi propia voz grabada. ¿Por qué suena tan aguda y chillona? El oído humano es sensible a las vibraciones internas y externas; por eso podemos oír de dos formas completamente diferentes: «desde adentro» y «desde afuera». Cuando otra persona habla, las ondas sonoras viajan por el aire y al entrar en el oído hacen vibrar el tímpano. Esas vibraciones llegan al oído interno y se traducen en señales que el cerebro interpreta. Pero cuando soy yo quien habla, las vibraciones provienen de mis propias cuerdas vocales; las ondas sonoras no viajan por el aire, sino a través de mi cuerpo, resonando en los huesos de la cabeza. A medida que avanzan hasta el tímpano, las ondas se distorsionan, alargándose y volviéndose más graves. Por eso, cuando escucho mi voz al hablar, suena más grave, pero si la escucho grabada, es más aguda.
A veces, tenemos un problema similar cuando nos comunicamos. Hacemos un comentario y creemos que suena positivo y constructivo, pero la persona que lo oye «desde afuera» lo decodifica como crítico y malintencionado. Hay una frase anónima que circula por las redes que ilustra este fenómeno perfectamente: «Entre lo que pienso, lo que quiero decir, lo que creo decir, lo que digo, lo que quieres oír, lo que oyes, lo que crees entender y lo que entiendes, existen nueve posibilidades de no entenderse».
Estoy intentando concienciarme de cuán sencillo es malinterpretar a alguien. Soy experta en sacar conclusiones apresuradas; por eso, le pido a Dios que me ayude a escuchar las emociones de los demás, no solo sus palabras. Estoy pidiendo humildad para comprender que no puedo adivinar intenciones ajenas. Necesito sabiduría para entender que comunicarse es un arte y no una batalla. No se trata de ganar, ni de abrumar al contrincante con argumentos irrefutables. Se trata de enfocarse en soluciones, de edificar puentes emocionales que nos acerquen.
Aún se me escapan palabras de la boca sin pensarlas, pero no dejo que la culpa me tiente a rendirme. ¡Dios es mi ayudador! Como todo arte, la comunicación eficiente requiere práctica y en estas veinticuatro horas voy a dar lo mejor de mí.

Señor, gracias por el don del habla. Quiero que cada palabra que salga de mi boca esté llena de luz y vida. Enséñame a escuchar mejor, a no sacar conclusiones precipitadas y a guardar silencio cuando más palabras no serían de ayuda.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2022
SIN MIEDOS NI CADENAS
Vanessa Pizzuta
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