Sábado 2 de agosto 2025 | Devoción Matutina para Damas 2025

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2025 POSDATA: Más feliz en Cristo Sayli Guardado Lecturas Devocionales para Mujeres 2025

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2025
POSDATA: Más feliz en Cristo
Sayli Guardado
Lecturas Devocionales para Mujeres 2025

Puedes perder la corona

«Aun a Maaca, su propia madre, el mismo rey Asa la depuso de su dignidad, porque había hecho una imagen de Asera; y Asa destruyó la imagen, la desmenuzó y la quemó junto al torrente Cedrón» (2 Crónicas 15: 16, RV95).

Maaca había sido designada reina madre posiblemente durante el reinado de su hijo Abías. Tal título se le otorgó tras la muerte del rey por haber sido la consorte de este, y podía conservarlo mientras viviera. Así, la reina madre Maaca tenía potestad sobre el reino y podía influir notoriamente en los asuntos políticos y religiosos. Al morir también su hijo Abías, su nieto Asa subió al trono, y ella siguió conservando su corona. De hecho, los nombres de las madres de los reyes en la antigüedad parecen ser más importantes que los de las esposas, por eso, generalmente, vemos a detalle en los registros bíblicos referencias a madres de monarcas.
Maaca fue más allá del poder que se le había conferido e hizo un uso indebido de su autoridad, creyendo que su nieto no tendría ni el valor ni la autoridad para quitarle su puesto. Ella sabía que no debía tener dioses extraños y que solo podía ofrecer su adoración al Dios de los cielos; sin embargo, con sus prácticas idolátricas no solo ella había prostituido el culto al verdadero Dios, sino que había arrastrado al pueblo consigo. En un acto para intentar hacer volver al pueblo a los caminos del Señor, Asa tomó medidas drásticas y destituyó a la reina madre de su puesto. Ni poder, ni honra, ni gloria, ni corona le quedaron a Maaca.
Como hijas de Dios que somos, también a nosotras se nos ha conferido un poder especial en los asuntos religiosos del reino. ¿Cómo lo estamos aplicando?
Si la corona que nos ha sido puesta está siendo de perjuicio y de perdición para algunos de nuestros hermanos más pequeños, sin duda que el Rey del cielo nos la quitará. Solo nuestros actos con corazón sincero y reverente habrán de hacer que conservemos el título que Dios nos ha otorgado, y que su poder siga manifestándose a través de nuestras manos, de nuestros labios, de nuestras acciones y de nuestra mirada. Así, las personas que nos rodean serán inspiradas e influenciadas a rendir culto al verdadero Dios.
Querida amiga, usemos la corona que Dios ha puesto en nuestra cabeza como símbolo de que somos sus hijas, y seamos canales de bendición para la gente que necesita esperanza.

Posdata: Feliz al conservar mi corona.

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POSDATA: Más feliz en Cristo
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