Sábado 18 de octubre 2025 | Devoción Matutina para Damas 2025

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2025 POSDATA: Más feliz en Cristo Sayli Guardado Lecturas Devocionales para Mujeres 2025

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2025
POSDATA: Más feliz en Cristo
Sayli Guardado
Lecturas Devocionales para Mujeres 2025

Niñas… pero maduras

«Hermanos, no piensen ustedes como niños. Sean como niños para lo malo; pero sean adultos en su modo de pensar» (1 Corintios 14: 20).

Una de las experiencias que viví en mi adolescencia y de la cual no me siento orgullosa al recordarla, es la que te contaré a continuación. Había en mi iglesia una chica pocos años mayor que yo a la cual le gustaba hacer ejercicio, por lo que la ropa le quedaba muy bien. Cierto día, llevó a la iglesia un vestido muy lindo, y me gustó tanto que mandé a hacer uno igual, pero en diferente color. Otro día, llegó a la iglesia con unos zapatos muy altos y bonitos, y ¿quién crees que se compró unos iguales? Sí, con toda la vergüenza te confieso que fui yo. Yo quería lo que a ella le quedaba bien.
Cuando somos niñas, generalmente queremos tener lo que otros tienen, hacer lo que otros hacen, ir a donde otros van … Los niños quieren el mejor juguete, la rebanada más grande … Es ahí donde entra la labor educativa de los padres. Con el tiempo aprendemos a ser recatados, a no esperar lo más grande, a pensar en los demás. Lastimosamente, existen personas adultas que se estancaron en su etapa infantil en cuanto a la envidia se refiere. Son personas inmaduras y, por consiguiente, infelices, ya que nunca están conformes ni contentas con lo que tienen. Constantemente están vigilando los logros de los demás, que, en vez de causarles alegría, les causan molestia y frustración porque quisieran estar gozando el triunfo del otro.
Al respecto, el apóstol Pablo en el texto bíblico de hoy nos invita a razonar como gente madura y no como niños. Es decir, al reino de los cielos entrarán los que sean como niños, mas no se refiere a los que envidien como niños; en todo caso se refiere a los que, como un niño, no tiene malicia en su corazón.
Es nuestro deber madurar para no ser envidiosas. Ofendemos al Espíritu Santo cuando envidiamos los dones de los demás, porque le estamos diciendo que el don que nos ha sido dado a nosotras no nos gusta, nos gusta el de la otra hermana. Pide al Señor madurez para aplaudir los triunfos de otros sabiendo que tú misma eres un potencial instrumento para él.

Posdata: Feliz sin envidia.

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POSDATA: Más feliz en Cristo
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