Sábado 13 de mayo 2017 | Devoción Matutina para Adolescentes | Este no es el final de tu historia

“¿Por qué no habré muerto en el vientre de mi madre, o en el momento mismo de nacer?” (Job 3:11).

“Dios mío, me quiero morir”. Estas palabras, escritas en tinta negra, ocupaban toda una página de un diario personal. Eran una desesperada petición al Cielo. Evidentemente, el dueño del diario no parecía creer que la vida mereciera la pena. El diario tenía ya quince años, y era mío. Yo escribí esas palabras cuando era adolescente, una noche en que sentía que ya no podía seguir viviendo. Y lo escribí completamente en serio. “Me siento tan contenta que me parece que voy a estallar”. Estas palabras estaban escritas en un diario de maternidad, en letras verdes y moradas, preciosas. Este también es mi diario, pero quince años después. Estas palabras las escribí hace apenas unas semanas, para expresar lo bien que me siento como madre, gracias a mis dos hijos; y como esposa, gracias al maravilloso compañero que tengo. Mi vida está plena ahora. Y cuando recuerdo lo que escribí hace tantos años, me parece que ha quedado tan atrás en el tiempo que incluso me da vergüenza recordarlo. Imagínate lo que me habría perdido si no hubiera seguido viviendo. Toda la alegría y la belleza que llenan mis días hoy. Qué triste es pensar que nunca habría conocido a Greg, y que mis hijos no existirían…
Job también quería morir, ¿sabías? Lo consideramos una gran hombre de fe, pero también dijo cosas como: “¡Maldita sea la noche en que fui concebido!” “¡Maldito sea el día en que nací!” “¿Por qué no habré muerto en el vientre de mi madre o en el momento de nacer?” “Si yo hubiera muerto entonces, ahora estaría durmiendo tranquilo, descansando en paz”. “¿Por qué no me enterraron como a los abortos, como a los niños muertos antes de nacer?” ¡Qué palabras tan duras! Job prefería no haber nacido, porque le parecía que la muerte era mejor que el sufrimiento por el que estaba pasando. Pero lo que me encanta de Job es que estas palabras de dolor no son el final de su historia. En el último capítulo leemos que Dios lo bendijo con el doble de lo que había tenido antes. El doble de posesiones materiales; diez hijos más a quienes amar, y entre ellos, las jóvenes más hermosas de toda la región. La historia tiene un final feliz; muy feliz.
Lo que aprendo del libro de Job es que nuestros peores momentos de dolor y sufrimiento no son el final de nuestra historia. La vida siempre puede comenzar de nuevo, con más belleza y bendiciones que antes. Si alguna vez te has sentido como Job, mantén la esperanza, no te rindas, porque el sufrimiento de hoy no es el fin de tu historia.
Dios te tiene reservada una gran felicidad, y no creo que quieras perdértela. MH

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADOLESCENTES 2017
FUSIÓN
Melissa y Greg Howell
Un punto de encuentro entre tú y Dios
Lecturas Devocionales para Adolescentes 2017
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