Notas de Elena | Miércoles 14 de marzo 2018 | Dile no a las deudas | Escuela Sabática

Miércoles 14 de marzo: Dile no a las deudas
Hombres que habrían podido hacer bien si se hubiesen consagrado a Dios, si hubiesen estado dispuestos a trabajar con humildad, a ampliar lentamente su negocio, y a rehusar endeudarse, han fracasado porque no han trabajado correctamente. Y después de entrar en dificultades han tenido que liquidar lo que les quedaba, porque eran administradores incompetentes. Deseaban tener alivio de la presión financiera y no se detuvieron en pensar en las consecuencias.
Los que ayudan a tales personas a salir de sus dificultades se sienten tentados a atarlas con cuerdas tan fuertes en términos de promesas que en adelante los que han sido ayudados llegan a pensar que son esclavos. Pocas veces logran sobreponerse a la reputación de malos administradores y fracasados.
Se me ha pedido que diga a los que se endeudan en esta forma: No os deis por vencidos si estáis avanzando correctamente. Trabajad con toda vuestra capacidad para aliviar la situación… (Consejos sobre mayordomía cristiana, pp. 287, 288).
Vi que a Dios le desagrada que su pueblo sea fiador de los incrédulos. Se me indicaron estos textos: “No seas de aquellos que se comprometen, ni de los que salen por fiadores de deudas”… Comprometen lo que pertenece a otra persona -su Padre celestial- y Satanás está dispuesto a ayudar a sus hijos y sacárselo de las manos. Los observadores del sábado no deben ser socios de los incrédulos. Los hijos de Dios confían demasiado en la palabra de los extraños, y piden su consejo cuando no debieran hacerlo. El enemigo hace de ellos sus agentes, y obra por su medio para quitar bienes a los hijos de Dios y afligirlos (Testimonios para la iglesia, tomo 1, p. 184).
El cimiento de la integridad comercial y del verdadero éxito es el reconocimiento del derecho de propiedad de Dios. El Creador de todas las cosas es el propietario original. Nosotros somos sus mayordomos.
Todo lo que tenemos es depósito suyo para que lo usemos de acuerdo con sus indicaciones.
Esta obligación pesa sobre cada ser humano. Se aplica a toda la gama de la actividad humana. Reconozcámoslo o no, somos mayordomos a quienes Dios ha otorgado talentos y capacidades, y los ha puesto en el mundo para hacer la obra que él les ha asignado (La educación, p. 137).
Muchos, muchísimos no han aprendido a mantener sus gastos dentro de los límites de sus entradas. No aprenden a adaptarse a las circunstancias, y piden prestado una vez tras otra, y en esa forma quedan agobiados por las deudas, y en consecuencia se desaniman y descorazonan.
Muchos no se acuerdan de la causa de Dios, y gastan descuidadamente dinero en diversiones en los días feriados, en vestidos y necedades, y cuando se hace un pedido para promover la obra en el país y en las misiones extranjeras, no tienen nada para dar, y hasta han gastado más de lo que tenían…
Deberíamos estar alerta y no permitimos gastar dinero en cosas innecesarias que sirven tan solo como objetos de ostentación. No deberíamos permitimos tampoco complacer los gustos que nos llevan a seguir las costumbres del mundo y a robar a la tesorería del Señor (Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 263).
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Notas de Elena G. de White
Lección 11: Para el 17 de marzo de 2018
Las deudas: una decisión diaria
Escuela Sabática – Primer trimestre 2018
Mayordomía: Las motivaciones del corazón

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