Notas de Elena | Miércoles 10 de abril 2019 | La elección del compañero de la vida | Escuela Sabática

Miércoles 10 de abril: La elección del compañero de la vida
Uno de los mayores peligros que acosan al pueblo de Dios hoy día es la asociación con los impíos, especialmente al unirse en casamiento con los incrédulos. En el caso de muchos, el amor por lo humano eclipsa el amor por lo divino; dan el primer paso en la apostasía al atreverse a desobedecer la orden expresa del Señor, y con demasiada frecuencia el resultado es una apostasía completa. Siempre ha demostrado ser peligroso que los hombres lleven a cabo su propia voluntad en oposición a los requerimientos de Dios; sin embargo, es una lección que es difícil que los hombres aprendan: que Dios cumple lo que dice (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 2, p. 994).
Si hay un asunto que debe ser considerado con juicio sereno y sin apasionamiento, es el del matrimonio. Si alguna vez se necesita la Biblia como consejera, es antes de dar el paso que une a las personas para toda la vida. Pero el sentimiento que prevalece es que en este asunto uno se ha de guiar por las emociones, y en demasiados casos un sentimentalismo amoroso enfermizo empuña el timón y conduce a una ruina segura… La cuestión del matrimonio parece ejercer un poder hechizador sobre ellos. No se someten a Dios. Sus sentidos están encadenados, y obran sigilosamente, como si temiesen que alguien quisiese intervenir en sus planes (El hogar cristiano, p. 60).
Sobre esta roca han naufragado muchas almas. En esto cometen terribles errores aun personas que se dicen cristianas, cuya vida se distingue por su integridad, y que parecen sensatas en todo otro asunto. Revelan una voluntad obstinada que ningún razonamiento puede cambiar. Se quedan tan fascinados por sentimientos e impulsos humanos que no tienen deseo de escudriñar la Biblia ni de estrechar su relación con Dios (El hogar cristiano, p. 49).
El sermón que en el monte pronunció nuestro Salvador contiene instrucciones inestimables para ancianos y jóvenes. Debiera leérselo a menudo en el círculo familiar y debieran ponerse en práctica sus preciosas enseñanzas en la vida diaria. La regla de oro: “Todas las cosas que quisierais que los hombres hiciesen con vosotros, así también haced vosotros con ellos”, juntamente con la recomendación apostólica de vivir “prefiriendo cada cual al otro”, deben constituir la ley de la familia. Quienes cultiven el espíritu de Cristo manifestarán cortesía en la casa y un espíritu de benevolencia aun en las cosas pequeñas. Constantemente procurarán hacer felices a cuantos los rodeen, olvidándose de sí mismos mientras hacen a los demás objeto de sus bondadosas atenciones. Tal es el fruto que crece en el árbol cristiano.
La regla de oro es el principio de la cortesía verdadera cuya ilustra-ción más exacta se ve en la vida y el carácter de Jesús. ¡Oh, qué rayos de amabilidad y belleza se desprendían de la vida diaria de nuestro Salvador! ¡Qué dulzura emanaba de su misma presencia! El mismo espíritu se revelará en sus hijos. Aquellos con quienes more Cristo serán rodeados de una atmósfera divina. Sus blancas vestiduras de pureza difundirán la fragancia del jardín del Señor. Sus rostros reflejarán la luz de su semblante, que iluminará la senda para los pies cansados e inseguros (El hogar cristiano, p. 384).
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Notas de Elena G. de White
Lecciones de Escuela Sabática para Adultos
Lección 1: ara el 6 de abril de 2019
LAS DECISIONES QUE TOMAMOS
2er. Trimestre 2019 – Las Etapas Familiares
Narración: Maira Fermin

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