Notas de Elena | Lunes 12 de marzo 2018 | La mayordomía y la gratificación instantánea | Escuela Sabática

Lunes 12 de marzo: La mayordomía y la gratificación instantánea
Inclinado a la complacencia propia, nada deseaba [Esaú] tanto como la libertad para hacer su gusto. Para él, el poder y la riqueza, los festines y el alboroto, constituían la felicidad. Se jactaba de la libertad ilimitada de su vida indómita y errante.
Él representa a aquellos que… han dado rienda suelta a sus apetitos, pasiones e inclinaciones, de tal forma que se ha debilitado su poder para discernir y apreciar el valor de las cosas eternas.
[Él] había satisfecho por tanto tiempo al yo que no sentía la necesidad de dar la espalda a la tentadora vianda que codiciaba. Pensó en ella, sin hacer un esfuerzo especial para dominar su apetito, hasta que el poder del mismo lo dominó y… se imaginó que sufriría una gran molestia, y aun la muerte, si no podía obtener precisamente ese plato.
Cuanto más pensaba en ello, más se fortalecía su deseo, hasta que su primogenitura, que era sagrada, perdió su valor y su carácter santo (Conflicto y valor, p. 61).
Los que transgreden las leyes divinas en lo que atañe a su organismo, tampoco vacilarán en violar la Ley de Dios dada en el Sinaí.
Los que después de haber recibido la luz se nieguen a comer y beber por principio, en lugar de dejarse controlar por el apetito, no se preocuparán porque los demás aspectos de su vida sean gobernados por principios. La investigación del tema de la reforma en la alimentación desarrollará el carácter e invariablemente pondrá de manifiesto a los que eligen hacer “un dios de sus vientres” (Consejos sobre la salud , p. 39).
Hay muchas cosas que el espíritu limitado del hombre que no ha sido alumbrado por la sabiduría divina, es incapaz de comprender; y así encuentran motivo para criticar. Son muchos los que parecen creer que es una virtud colocarse del lado de la duda, del escepticismo y de la incredulidad. Pero no dejará de advertirse que bajo una apariencia de candor y humildad, los móviles de estas personas son la confianza en sí mismas y el orgullo. Muchos se deleitan en buscar en las Sagradas Escrituras algo que confunda las mentes de los demás. Y hasta hay quienes empiezan a criticar y a argumentar contra la verdad por el mero gusto de discutir. No se dan cuenta de que al obrar así se están enredando a sí mismos en el lazo del cazador… Y así es como se unen con los impíos y se cierran las puertas del paraíso (El conflicto de los siglos, p. 516).
Los que aman a Dios de todo corazón desearán darle el mejor servicio de su vida y tratarán siempre de poner todas las facultades de su ser en armonía con las leyes que aumentarán su aptitud para hacer su voluntad. No debilitarán ni mancharán la ofrenda que presentan a su Padre celestial abandonándose a sus apetitos o pasiones.
San Pedro dice: “Os ruego […] que os abstengáis de las concupiscencias camales, las cuales guerrean contra el alma”. 1 Pedro 2:11 (VM). Toda concesión hecha al pecado tiende a entorpecer las facultades y a destruir el poder de percepción mental y espiritual, de modo que la Palabra o el Espíritu de Dios ya no puedan impresionar sino débilmente el corazón. San Pablo escribe a los Corintios: “Limpiémonos de toda inmundicia de carne y de espíritu, perfeccionando la santificación en temor de Dios”. 2 Corintios 7:1 (El conflicto de los siglos, p. 466).
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Notas de Elena G. de White
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