Notas de Elena | Lunes 1 de abril 2019 | Los ritmos de la vida | Escuela Sabática

Lunes 1 de abril: Los ritmos de la vida
El poder de Dios se manifiesta en los latidos del corazón, en el funcionamiento de los pulmones, y en el torrente de vida que circula en los mil diferentes canales del cuerpo. Le debemos cada momento de la existencia y todas las comodidades de la vida. Las facultades y las habilidades que ponen al hombre por encima de las criaturas inferiores, son dones del Creador. Nos llena de sus beneficios. Le debemos los alimentos que consumimos, el agua que bebemos, los vestidos que usamos y el aire que respiramos. Sin su providencia especial, la atmósfera estaría llena de pestilencia y veneno. Es un benefactor bondadoso y preservador. El sol que brilla sobre la tierra y glorifica toda la naturaleza, el tenue y solemne resplandor de la luna, la gloria del firmamento tachonado de brillantes estrellas, las lluvias que refrigeran la tierra y permiten que la vegetación florezca, las cosas preciosas de la naturaleza en toda su variada riqueza, los elevados árboles, los arbustos y las plantas, los sembrados ondulantes, el cielo azul, la verde tierra, los cambios del día y la noche, las estaciones sucesivas, todas estas cosas hablan al hombre del amor de su Creador. Nos ha vinculado consigo mediante todas estas señales que ha puesto en el cielo y en la tierra (Hijos e hijas de Dios, p 19).
La obra de nuestra vida aquí debe consistir en prepararnos para la eternidad. No sabemos cuán pronto puede terminar la obra de nuestra vida, y cuán esencial es que nuestra naturaleza baja y pecaminosa sea vencida, y que recibamos la imagen de Cristo. No tenemos tiempo que perder. Necesitamos prepararnos cada día para la eternidad. Se nos concede tiempo en esta vida para buscar la dádiva de la vida eterna. Dios nos ha concedido un tiempo de prueba, y si vivimos nuestros setenta años, ¡cuán corto es este período para obrar nuestra salvación! Comparemos entonces este lapso con la vida que se equipara con la de Dios. Nuestro corto tiempo de prueba puede terminar en cualquier momento. Entonces, cuán fervientes deberíamos ser a fin de asegurarnos un título indiscutible para un hogar en la tierra nueva (Cada día con Dios, p. 115).
Es privilegio del cristiano relacionarse con la Fuente de la luz, y por medio de esa relación viviente llegar a ser la luz del mundo. Los verdaderos seguidores de Cristo andarán en la luz como él está en luz, y por lo tanto no avanzarán por caminos inciertos, ni tropezarán en medio de la oscuridad. El gran Maestro está tratando de que sus oyentes comprendan la bendición que pueden llegar a ser para el mundo, al compararlos con el sol naciente que dispersa la niebla y disipa la oscuridad. La aurora cede su lugar al día. El sol que dora, matiza y glorifica el cielo con sus haces de luz, es un símbolo de la vida cristiana. Así como el sol es luz, vida y bendición para todo ser viviente, los cristianos deberían ser la luz del mundo mediante sus buenas obras, su alegría y su valor. Así como la luz del sol aleja las sombras de la noche para derramar su gloria por valles y colinas, el cristiano debe reflejar el Sol de justicia que resplandece en él (Cada día con Dios, p. 90).
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Notas de Elena G. de White
Lecciones de Escuela Sabática para Adultos
Lección 1: ara el 6 de abril de 2019
LOS RITMOS DE LA VIDA
2er. Trimestre 2019 – Las Etapas Familiares
Narración: Maira Fermin

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