Miércoles 26 de septiembre 2018 | Devoción Matutina para Adolescentes | Lecciones aprendidas en casa

«Yo te enseño hoy —sí, a ti— para que confíes en el Señor» (Proverbios 22: 19, NTV).

Tengo la dicha de tener una supermamá de esas que cocinan, lavan los platos, lavan la ropa, barren, aspiran la alfombra, sacan la basura, planchan, limpian las ventanas, limpian los baños, etcétera. Seguramente estás pensando: Ya va. ¿hay alguna tarea que quede para los niños? Bueno, la verdad, no muchas. Ella se encarga de todo, lo cual fue maravilloso para mí cuando era joven, pero significó también un problema cuando crecí.
Allí estaba yo, con dieciocho años y lista para vivir por mi cuenta en la universidad. El dormitorio de mi infancia estaba lleno de cajas de cosas que me acompañarían. Entre lo que me llevaría había una serie de artículos básicos, incluyendo ropa, comida, e incluso una plancha y detergente para lavar la ropa. Pero al verlo todo, una ansiedad comenzó a apoderarse de mí. Yo no sabía lavar la ropa, cocinar ni planchar. Mamá siempre se había ocupado de eso.
Así que mi primera materia universitaria fue «preparación para la vida real». Mamá fue la profesora, y me dio un curso intensivo de lavandería y cocina. No hubo exámenes ni trabajo de grado: solo instrucción práctica real. Afortunadamente (gracias a mi madre), salí muy bien. Ahora puedo manejar con confianza cualquier tarea doméstica que se me presente. ¿Eliminar una mancha? Yo me encargo. ¿Hornear un pastel? No hay problema. ¿Preparar una comida saludable de última hora? Te la hago.
He aprendido mucho sobre las tareas del hogar, pero una lección en particular es la más importante: cuanto antes atiendes las cosas, mejor. Esto, por supuesto, se aplica a aprender desde una edad temprana a hacer las tareas del hogar, pero también a una gran cantidad de tareas del hogar en sí. Es mucho más fácil fregar un plato si lo haces de inmediato, antes de que la comida se endurezca y se pegue. Es mucho mejor doblar la ropa justo después de haberla secado en la secadora, antes de que se arrugue. Y es mucho más sencillo quitar una mancha del sofá rápidamente, antes de que penetre la tela y no salga.
Muchos otros aspectos de la vida siguen esta misma regla de cuanto antes, mejor. Cuanto antes pidas una disculpa, mejor. Cuanto antes muestres respeto o voluntad de ayudar, mejor. Cuanto antes digas «gracias», mejor.

Ponlo en práctica: Piensa en algo bueno que has querido hacer, pero que has estado posponiendo. Hazlo hoy.

Ponlo en oración: Agradece a Dios por estar contigo mientras enfrentas aquello que has estado evitando.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADOLESCENTES 2018
¿Y ENTONCES…?
Heather Quintana
Lecturas Devocionales para Adolescentes 2018

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