Miércoles 25 de junio 2025 | Devoción Matutina para Damas 2025

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2025 POSDATA: Más feliz en Cristo Sayli Guardado Lecturas Devocionales para Mujeres 2025

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2025
POSDATA: Más feliz en Cristo
Sayli Guardado
Lecturas Devocionales para Mujeres 2025

Los pies en la tierra y el poder en el cielo

«Ve y reúne a todos los judíos de Susa, para que ayunen por mí. Que no coman ni beban nada durante tres días y tres noches. Mis criadas y yo haremos también lo mismo, y después iré a ver al rey, aunque eso vaya contra la ley. Y si me matan, que me maten» (Ester 4: 16).

Mucho hemos resaltado la virtud de la valentía en la reina Ester; hoy resaltaremos otra que es igual de importante: la humildad.
La razón por la que el Señor la había puesto en el reino había llegado. Ella meditó bien en lo que debía hacer y entonces mandó a su pueblo a clamar al único Dios que podía librarlos. Ester sabía que era hermosa, también sabía que el rey la amaba y por eso le había puesto la corona. Ester sabía que, en ese momento, ella era la mujer más poderosa del imperio y que, si quería, podía lograr que el rey la complaciera en cualquiera que fuera su pedido. Pero no hizo mal uso de su alta posición, de su renombre, de su astucia ni de su belleza; puestos sus pies en la tierra, pudo salvar a su pueblo.
Cuando reconocemos que el poder viene del Cielo y no de nuestras propias fuerzas, el éxito está asegurado. La dependencia de Dios es un contrato que no falla, pero se necesita humildad para conservarlo. Dios permite que lleguemos a escalar posiciones altas entre los humanos y allí prueba los corazones.
Algunos que llegan a la cima del éxito son puestos de nuevo en las faldas de la montaña para aprender lecciones de humildad.
La humildad conlleva sacrificio y ofrece un servicio desinteresado. «Si me matan, que me maten» dijo la reina, dispuesta a dar la vida por su pueblo. No estaba pensando que por ser la reina sería la única judía que no sufriría, sino que sufrió con su pueblo y, con el poder del Cielo, abogó por ellos.
«En todos los siglos las riquezas y el honor han llevado aparejado mucho peligro para la humildad y la espiritualidad. Cuando un hombre prospera y todos hablan bien de él, es cuando corre especialmente peligro. El hombre es humano. La prosperidad espiritual continúa tan solo mientras el hombre depende plenamente de Dios para obtener sabiduría y perfección de carácter» (Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 143).
La buena noticia es que, con la dependencia sincera de Dios, la humildad viene por añadidura.

Posdata: Feliz practicando la humildad.

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POSDATA: Más feliz en Cristo
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