Miércoles 18 de julio 2018 | Devoción Matutina para Adultos | Oración auténtica – 1

Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos. Salmo 139:23.

Quizás el Salmo 139 sea la más extraordinaria contemplación de la omnisciencia y omnipresencia divinas expresada en palabras humanas. Es fácil derramar ideas comunes sobre un tema como este, pero David no se contenta con conceptos abstractos ni palabras huecas. Reúne todos los rayos de su pensamiento en un punto de combustión, y los concentra en su propia persona: “Oh Jehová, tú me has examinado y conocido” (vers. 1). Lo notable es que termina el salmo pidiéndole a Dios que no deje de hacer lo que anticipa en el primer versículo (vers. 23, 24). La mirada de Dios en su corazón le da vida, y aunque el ojo de Dios lo hiere, le muestra su condición. Para David era mejor caminar por la vida mutilado que perder la vida eterna con un cuerpo completo.

En nuestra versión castellana, el texto dice “examíname”. La versión inglesa KingJames usa el verbo “search”, que significa buscar. “Búscame, oh Dios”. Me gusta search, porque significa buscar con intensidad y profundamente, como los brazos hidráulicos de esas máquinas que perforan una montaña, capa tras capa de tierra y roca, hasta encontrar el lecho donde poner las vías del tren. La mirada de Dios puede ser dolorosa, pero siempre es transformadora.

Con Dios no podemos tener una relación superficial. Cuando nos encuentra, él quiere ir hasta las mismas raíces de nuestro ser. Puede que este pensamiento nos intimide, porque somos mezquinos y austeros por naturaleza, y queremos cosechar donde no sembramos. Si mi idea de Dios es la de un juez implacable e inquisitivo, e intento evitar su mirada, entonces seré un ignorante de mí mismo, de mi propia condición humana, e iré por la vida portando un dios pequeño y un yo muy grande. Ante la mirada divina, debo encogerme como la hoja de una planta sensible cuando un dedo la toca. Detrás del dolor de verme como realmente soy viene la alegría de la salvación.

El ojo inquisidor e implacable del carcelero detrás de la mirilla de una celda es un terror constante para el prisionero solitario que se siente culpable. ¡Pero la mirada de Dios es misericordiosa y llena de gracia! Si nos dejamos mirar cada día, él nos transformará.

Hoy, dile al Señor: “Entra en lo profundo de mi corazón”.

Oración: Señor, examina mi corazón para que yo pueda conocerlo.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2018

LAS ORACIONES MÁS PODEROSAS DE LA BIBLIA

Ricardo Bentancur

Lecturas devocionales para Adultos 2018

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