Miércoles 12 de diciembre 2018 | Devoción Matutina Jóvenes 

Fe que abre puertas, literalmente

Devoción matutina para jóvenes 2018 365 vivencias de jóvenes como tú Lecturas devocionales para Jóvenes 2018

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2018
365 VIVENCIAS DE JÓVENES COMO TÚ
Lecturas devocionales para Jóvenes 2018

«Les aseguro que para entrar en el reino de Dios, ustedes tienen que cambiar su manera de vivir y ser como niños». Mateo 18: 3, TLA

 

SIEMPRE HE ESCUCHADO sermones acerca de la fe pura y sencilla que solo pueden ejercer los niños. Pero una cosa es leer o escuchar acerca de ella y otra muy distinta es verla en acción con tus propios ojos.

Lo que te contaré me sucedió en presencia de mis hijos, Daniel de once años y Rossana de ocho. Todas las mañanas, al salir de casa, lo primero que hago es llevarlos a la escuela. La entrada a la escuela es a las siete y media de la mañana, con diez minutos de «misericordia». Así que después de las 7:40 en punto no se puede entrar a clase.

Generalmente salimos y llegamos a tiempo, a pesar del tráfico. Pero una mañana, luego de la devoción matinal, subimos al auto, oramos y salimos; pero al llegar a la salida de la urbanización, el portón no quería abrir. Oprimí el botón varias veces, pero no obtuve ningún resultado. Empecé a impacientarme, necesitaba al menos quince minutos para llegar al colegio y ya el reloj marcaba las 7:25. Eso quería decir que el portón debía abrirse en ese preciso momento o de lo contrario los niños no irían a clases ese día.

En ese momento mi hijo Daniel interrumpe mi desesperación y me dice: «Papá, hay algo que no hemos hecho: orar». Así que él mismo oró y con sencillez puso el caso en manos de Dios: «Dios, si tú quieres, puedes abrir este portón eléctrico». Aunque lo creas o no, al decir «amén» no solo se abrieron nuestros ojos, ¡también se abrió el portón! A pesar de eso, yo, incrédulo aún, empecé a mirar a todos lados, buscando a la persona que nos «había hecho el favor», pero no vi a nadie. Fue entonces cuando mi niña remató mi escepticismo al decirme: «Papá, fue Dios. No busques a nadie más».

Cuando finalmente cruzamos el portón y tomamos la avenida que todos los días estaba congestionada, y que ese día no solo estaba libre, sino que todos los semáforos estaban verdes y el recorrido que normalmente hacemos en quince minutos, ese día lo hicimos en solo diez minutos.

Ese día mi fe creció y también la de mis hijos, comprendí que la fe abre puertas, literalmente.

¿Estás frente a una puerta cerrada hoy? Te invito a tener fe y verás los resultados.

 

Emilio Perche, Venezuela

 

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