Martes 9 de Octubre 2018 | Devoción Matutina Adultos

Las leyes de las bendiciones de Dios

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2018 FUENTES DE VIDA David Javier Pérez Lecturas devocionales para Adultos 2018

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2018
FUENTES DE VIDA
David Javier Pérez
Lecturas devocionales para Adultos 2018

«Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré;y serán benditas en ti todas las familias de la tierra». Génesis 12: 2, 3, RV60

Las bendiciones de Dios son un privilegio, pero también una gran responsabilidad.

No deberíamos vivir aislados ni dedicarnos solo a recibir, dando muy poco o nada; Dios desea que seamos un canal a través del cual fluyan las bendiciones hacia otros y, de ese modo, salir beneficiados también nosotros mismos.

Podríamos mencionar algunas «leyes» relativas a las bendiciones que recibimos de Dios. La primera es que debemos redirigirlas a otros: «Te bendeciré, engrandeceré tu nombre y serás bendición» (Génesis 12: 2). Abraham fue un modelo a seguir por sus coetáneos en su trato con los demás, su felicidad y en su vida espiritual.

«Abraham fue honrado por los pueblos circunvecinos como un príncipe poderoso y un caudillo sabio y capaz. No dejó de ejercer su influencia entre sus vecinos. Su vida y su carácter, en contraste con la vida y el carácter de los idólatras, ejercían una influencia notable a favor de la verdadera fe. Su fidelidad hacia Dios fue inquebrantable, en tanto que su afabilidad y benevolencia inspiraban confianza y amistad, y su grandeza sin afectación imponía respeto y honra» (Patriarcas y profetas, cap. 12, p. 113).

Otra «ley» es que cuando somos bendición para otros, Dios cubre nuestras necesidades; cuando ayudamos a otros, el Señor asume la responsabilidad de nuestros problemas: «No hay nadie que haya dejado casa, o padres o hermanos o mujer o hijos, por el reino de Dios, que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna» (Lucas 18:29,30).

La siguiente «ley» es que las bendiciones que se comparten, retornan. «Dad y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo, porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir» (Lucas 6: 38).

Por último, debemos compartir nuevamente esas bendiciones que retoman: «A quien se haya dado mucho, mucho se le demandará, y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá» (Lucas 12:48).

Tengamos cada día el propósito de dirigir nuestra vida según estas «leyes».

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