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«El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. Porque no sabemos orar como es debido» (Romanos 8: 26).

En una ocasión, escuché la historia de una misionera en Asia a quien llamaré Sara. Sus compañeros habían regresado ya a casa cuando Sara comenzó a experimentar fuertes dolores de barriga. Para colmo de males, aún no había recibido el cheque con el pago por sus servicios. Cada día, Sara iba a la oficina de correos esperando encontrar el tan necesitado cheque, pero siempre regresaba con las manos vacías.

A medida que el dolor de Sara aumentaba, los alimentos de su despensa disminuían, al punto de que lo único que le quedó fue un tonel de avena. Pero ella odiaba la avena. ¿Qué podía hacer? Como hace un cristiano en una situación adversa, Sara oró a Dios para que la curara y para que el cheque llegara y de ese modo pudiera regresar a casa y comer otra cosa que no fuera avena.

Pasaron las semanas y Sara no podía hacer otra cosa que comer avena tres veces al día y seguir esperando a que llegara el sobre con su pago. Su salud fue mejorando lentamente. Aunque parecía que Dios estaba contestando esa parte de la oración, no podía decir lo mismo en cuanto al cheque. Finalmente, llegaron al lugar los nuevos misioneros, y con ellos el pago de Sara. Después de comprar el boleto de regreso a casa, Sara se dio el gusto de comer en un restaurante de la ciudad. Por supuesto, nada de avena. Apenas llegó a Estados Unidos pidió una cita médica, y le contó al médico su malestar y su interminable dieta de avena.

El doctor ordenó algunos exámenes para asegurarse de que realmente Sara ya estaba bien de salud. Cuando recibió los resultados, no pudo creer lo que vio. Sara se había recuperado de una grave colitis. De haber estado en Estados Unidos, habría sido operada de emergencia. El doctor le dijo que precisamente la dieta de avena había sanado su colon. ¿Quién habría pensado que aquella cosa que Sara detestaba sería la respuesta a su oración?

Al igual que Sara, pocas veces sabemos qué es lo mejor para nosotros cuando oramos. Si confiamos pacientemente en que Dios hará lo que más nos conviene, tarde o temprano estaremos felices porque él habrá contestado la oración a su manera y no a la nuestra. Al igual que Sara, descubriremos que el Rey del universo sabía perfectamente lo que estaba haciendo.

LECTURAS DEVOCIONALES PARA MENORES 2014

EN LA CIMA

Por: Kay D. Rizzo

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