Martes 7 de abril del 2026 | Devoción Matutina para Jóvenes 2026

Portada - Devoción Matutina Jóvenes 2026

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Jardines

«Por uno solo que desobedeció a Dios, muchos pasaron a ser pecadores; pero por uno solo que obedeció a Dios, muchos serán declarados justos». Romanos 5: 19, NTV

Noche de luna llena. Cielo despejado. El silencio arrullaba el sueño de los peregrinos. Era Pascua en Jerusalén. Después de celebrar la cena, Jesús dejó el aposento alto y se fue con los discípulos al Getsemaní, su cuartel general de oración junto al Monte de los Olivos. Allí, muchas veces, el Maestro pasaba noches enteras en comunión con el Padre. Sin embargo, el semblante de Jesús estaba diferente, casi irreconocible. Había llegado la hora de «beber el cáliz» en favor de los perdidos.
La palabra hebrea Getsemaní significa «prensa de aceite». Era un lugar donde los judíos cultivaban olivos y prensaban las aceitunas en grandes piedras. Allí, durante esa noche, Jesús fue presionado por la culpa de los pecados de la humanidad y por las crueles tentaciones de Satanás. La agonía del Salvador fue tan intensa que sudó gotas de sangre que, mezcladas con el rocío, humedecieron la hierba del jardín.
Ciertamente, el episodio en el Getsemaní tiene que ver con otro jardín, el Edén, «lugar de delicias», donde Adán abrió camino al pecado. Elena G. de White escribió: «El jardín del Edén, con su sucia mancha de desobediencia, ha de estudiarse cuidadosamente, y compararse con el jardín del Getsemaní, donde el Redentor del mundo sufrió una agonía sobrehumana cuando los pecados del mundo entero pesaban sobre él» (El Cristo triunfante, p. 26).
Un jardín fue la primera morada del ser humano, el lugar donde todo comenzó: la alegría del primer amor y la tristeza de la despedida. Fue un lugar de descubrimientos y también de desencantos. Sin embargo, el pecado no tomó por sorpresa a Dios. Él ya había elaborado un plan para darle al ser humano la oportunidad de regresar a casa (Gén 3: 15).
Miles de años después, encontramos al Creador nuevamente en un jardín, esta vez para erguir a la humanidad. Donde el primer Adán cayó, Jesús venció. En el Getsemaní, al sudar gotas de sangre, Cristo demostró que no se dio por vencido con nosotros. Esa mezcla de sangre, lágrimas y rocío es la garantía de nuestro regreso al Edén perdido.
Hoy te invito a entrar en otro jardín, el jardín de oración. En este lugar, a los pies del Salvador, existe paz, justicia y perdón. iNo tardes! Él te espera con los brazos abiertos.
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