Martes 27 de marzo 2018 | Devoción Matutina para Adultos | Oración ante fuerzas superiores – 2

Oh Dios nuestro […] en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros; no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos. 2 Crónicas 20:12

Josafat era un rey valiente. Durante años había fortalecido su ejército y sus ciudades. Estaba bien preparado para enfrentar a casi cualquier enemigo; sin embargo, en esta crisis no confió solo en sus soldados, porque la realidad lo sobrepasaba. Con fuerzas humanas no podía enfrentar a “tan grande multitud”. Sabía que solo Dios podía ayudarlo. Por eso, dijo: “Oídme, Judá y moradores de Jerusalén. Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros”.

Cuando enfrentamos problemas, nuestra mejor arma es la oración y la alabanza. Es más probable que logremos la victoria, en cualquier área de nuestra vida, si alzamos la voz de agradecimiento a Dios antes de la batalla. Cuando alabamos a Dios por adelantado, la victoria está asegurada, porque confiamos en él. Tarde o temprano, eso lo sabremos.

El pánico que se apoderó del enemigo solamente se explica porque eran hordas indisciplinadas. Una vez que se encendió la chispa, “el viento de Jehová” sopló la llama de la confusión, y el fuego consumió a los enemigos como hierba seca de desierto. No es de extrañar que en el momento en que Judá llegó al campo de batalla, todo había terminado. ¡Con qué frecuencia nos ocurre lo mismo! Nos estremecen con aprensión los problemas que nunca nos atacan. Y, cuando llegamos al campo, Dios ya los había consumido.

Tú y yo “no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo” (Efe. 6:12). Pero Dios te dice que la victoria “no depende del ejército, ni de la fuerza, sino de mi Espíritu” (Zac. 4:6; DHH).

Quizás en tus luchas espirituales hayas sido derrotado muchas veces. Pero las derrotas tienen algo positivo: nunca son definitivas. La oración destilará gotas de poder en tu vida. El arte de vencer se aprende en las derrotas. Nadie podrá transformar en derrota el triunfo del que se ha vencido a sí mismo con oración perseverante.

Cuando nos sentimos débiles, somos fuertes. Porque “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida” (Sal. 46:1, 2).

Oración: Señor, eres mi amparo y fortaleza.

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