Martes 23 de septiembre 2025 | Devoción Matutina para Damas 2025

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2025 POSDATA: Más feliz en Cristo Sayli Guardado Lecturas Devocionales para Mujeres 2025

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2025
POSDATA: Más feliz en Cristo
Sayli Guardado
Lecturas Devocionales para Mujeres 2025

No hay ley contra la benignidad

«Como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre y de paciencia» (Colosenses 3: 12, RVC).

Entendemos por benignidad la cualidad que una persona tiene de ser buena.
Al igual que las otras cualidades del «fruto del Espíritu,» la benignidad es un atributo de Dios que nos transfiere a nosotros sus hijos, y espera que tratemos a nuestros semejantes con la misma benignidad con que él nos trata a nosotros. Es decir, con dulzura, con afabilidad, con ternura, cordialidad y comprensión. Sin embargo, a menudo nuestras acciones están muy lejos de reflejar la benignidad de Jesús.
Podemos ver a Jesús siendo benigno al dejar que los niños se le acercaran, al hablarles a las mujeres pecadoras, al tocar a los malolientes y sufrientes, al pegar de nuevo la oreja a quien estaba listo para aprenderlo, al dejar a su madre al cuidado de Juan o al pedir al Padre el perdón para los que lo mataron.
Esto quiere decir que la benignidad es la respuesta positiva ante las actitudes de los demás hacia nosotros, sean buenas o malas. Una reacción normal y humana de una persona que no ha cultivado este atributo sería devolver con mal el mal que alguien le ha hecho. Pero ¿es esa la actitud de una hija de Dios?
Los más próximos a nosotros, y a quienes debiéramos tratar con benignidad, son los miembros de nuestra familia. Sin embargo, «muchos padres que profesan ser cristianos no están convertidos. ¡Cristo no habita por fe en su corazón! Su rudeza, su imprudencia, su carácter indómito, disgustan a sus hijos y hacen que aborrezcan toda su instrucción religiosa» (Conducción del niño, cap. 48, p. 286). No deben existir rasgos de aspereza y tosquedad en nuestros hogares. Frecuentemente solemos ser benignas con extraños y ajenos, cuando no lo somos con nuestros hijos y familiares. La rudeza de nuestros corazones aleja a los más pequeños del verdadero significado del amor de Dios.
¿Cómo podemos cultivar la benignidad? La manera más efectiva es practicándola día a día. Lo mismo que la disciplina de un deporte, si nos proponemos hacer actos benignos lograremos llevarlos a cabo de manera natural, con la ayuda del Espíritu Santo. No desperdiciemos las oportunidades que se nos presentan para ser benignas; quizás esa compañera que siempre está de mal humor, o ese jefe que trata mal a todos, o ese profesor que se desquita de sus problemas con sus alumnos, necesita hoy tu benignidad tanto como tú necesitas la benignidad de Jesús.

Posdata: Feliz por la benignidad de Jesús en mí.

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POSDATA: Más feliz en Cristo
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