Martes 18 de septiembre 2018 | Devoción Matutina para Adultos | Una puerta que nadie puede cerrar

«Yo conozco tus obras. Por eso, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar, pues aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra y no has negado mi nombre». Apocalipsis 3: 8

Dios ha abierto la puerta del evangelio para que todos creamos sinceramente en él y lleguemos al conocimiento de lá verdad. Allí está la gracia de la salvación, a disposición de todos los que deseamos ser salvos en Cristo. No permanecerá mucho tiempo abierta, pronto se cerrará por una mano invisible. «De esa puerta brota luz, y si queremos podemos recibirla. Miremos hacia esa puerta abierta, y procuremos recibir todo lo que Cristo quiere otorgarnos» (Testimonios para la iglesia, t. 9, cap. 18, p. 147).
Cruzando esa puerta está el trono de la gracia; podemos acercarnos a él libremente y llevar nuestras peticiones.
«El Testigo Fiel y Verdadero nos ha dado la seguridad de que ha puesto ante nosotros una puerta abierta que nadie puede cerrar. A los que están procurando ser fieles a Dios se les pueden negar muchos privilegios del mundo. Quizá su camino sea obstruido y su obra estorbada por los enemigos de la verdad, pero no hay poder capaz de cerrar la puerta de comunicación entre Dios y sus hijos fieles. Solo puede hacerlo el cristiano por su indulgencia respecto del pecado, o por rechazar la luz del cielo. Puede apartar sus oídos para no escuchar el mensaje de verdad, y así cortar la conexión entre Dios y su corazón […]. Ni el hombre ni Satanás pueden cerrar la puerta que Cristo ha abierto para nosotros» (Review and Herald, 26 de marzo de 1889).
El apóstol Pablo nos insta: «Hermanos, tenemos libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo […]. Acerquémonos, pues, con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia y lavados los cuerpos con agua pura» (Hebreos 10: 19, 22).
Lo cierto es que la entrada está a nuestro alcance. Cada vez que seamos tentados o desanimados tenemos la posibilidad de acercarnos a ella. Ningún poder puede impedirnos mirar al cielo, ver a través de la puerta abierta a Cristo, nuestro Redentor. Él nos ha dado suficiente fortaleza y luz para buscarlo, asirnos de su mano poderosa, recibir su perdón, la limpieza de nuestros errores y para ser declarados hijos del Padre celestial. «Si únicamente comprendiéramos que la gloria de Dios nos rodea, que el cielo está más cerca de la tierra de lo que suponemos, tendríamos un cielo en nuestros hogares mientras nos preparamos para el cielo de arriba» (Nuestra elevada vocación, p. 133).
Acerquémonos a Dios cada día, y él nos mirará con misericordia desde esa puerta abierta.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2018
FUENTES DE VIDA
David Javier Pérez
Lecturas devocionales para Adultos 2018

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