Martes 18 de diciembre 2018 | Devoción Matutina Adultos 

Oración intercesora – 2

Devoción matutina para adultos 2018 Las oraciones más poderosas de la biblia Ricardo Bentancur Lecturas devocionales para Adultos 2018

Devoción matutina para adultos 2018
Las oraciones más poderosas de la biblia
Ricardo Bentancur
Lecturas devocionales para Adultos 2018

 

Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día. 2 Timoteo 1:3.

 

¿Otras por otros que necesitan tus plegarias?

El apóstol Pablo intercede ante Dios por Timoteo. La oración intercesora hunde sus más profundas raíces en el Antiguo Testamento. Abraham, Moisés, David, Samuel, Ezequías, Elias, Jeremías, Ezequiel y Daniel fueron grandes intercesores ante Dios en favor de su pueblo. Ellos oraban con la mirada puesta en el Mesías venidero. Ellos fueron grandes hombres, pero hombres al fin. Pero, “cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo” (Gál. 4:4), para que llegara a ser nuestro único y perfecto Mediador (1 Tim. 2:5). Gracias a él, toda oración se convierte en oración mediada, puesto que es ofrecida a Dios por Cristo y por su medio. Gracias a Jesús, ahora podemos interceder en oración en favor de otras personas, pidiendo por ellas con el amor y la fe de Jesús.

El anciano apóstol está formando a Timoteo, un nuevo pastor, quien lo siguió en medio de la persecución. Cuando, en Listra, el apóstol fue apedreado y el joven lo presenció, el Espíritu de Dios lo motivó a participar en la gesta misionera y se unió al predicador. Ahora, el maestro está cautivo en Roma, esperando la ejecución, pero desde ahí sigue formando a su discípulo. En este texto le dice que está orando por él constantemente. El apóstol es perseverante en la oración. Mucho tiempo antes había exhortado a los tesalonicenses a practicar el mismo ejercicio piadoso: “Orad sin cesar” (1 Tes. 5:17). Ahora está orando “sin cesar” por Timoteo (2 Tim. 1:3).

La oración intercesora nos ennoblece, porque debilita nuestro natural egoísmo. Además, nos identifica con la obra intercesora de Cristo, quien intercede por nosotros en el Santuario celestial (Heb. 7:25), y con la obra del Espíritu Santo, quien “gime por nosotros” (Rom. 8:26).

“Hay a vuestro alrededor aquellos que sufren desgracias, que necesitan palabras de simpatía, amor y ternura, y nuestras oraciones humildes y compasivas” (LO 246).

Cuando oras por otros, oras por ti. ¡Que hoy Dios ponga en ti un nombre por quien orar!

Oración: Señor, ¿por quién quieres que ore?

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