Martes 1 de julio 2025 | Devoción Matutina para Damas 2025

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2025 POSDATA: Más feliz en Cristo Sayli Guardado Lecturas Devocionales para Mujeres 2025

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2025
POSDATA: Más feliz en Cristo
Sayli Guardado
Lecturas Devocionales para Mujeres 2025

¿Amar a quién? ¿¡A mis enemigos!?

«David y los que lo acompañaban se rasgaron la ropa en señal de dolor» (2 Samuel 1: 11).

De un momento a otro, aquellas dos amigas dejaron de serlo. Ahora la enemistad entre ellas, que se acrecentaba cada día, era notoria entre toda la comunidad. De las risas y la convivencia pasaron a las críticas y las acusaciones mutuas. Ambas pensaban estar en lo correcto y se sentían agredidas por la otra. Este tipo de situaciones se dan a diario, incluso entre mujeres cristianas; por eso nos ayuda echar un vistazo a la Biblia, donde encontramos una actitud diferente en alguien llamado David.
En el relato de la muerte del rey Saúl y su hijo Jonatán se hace hincapié en el dolor que sintió David por la pérdida no solo de su amigo, sino también del rey (ese mismo rey que, en vida, se había convertido en su más grande enemigo, su perseguidor y, de haberle sido posible, su asesino). Nada de eso era desconocido para David quien, alguna vez, tuvo que esquivar lanzas, huir de su propia casa a medianoche e incluso irse a otro país para librarse del furor del que fue su suegro.
A pesar de todas las circunstancias provocadas por la envidia y los celos del rey Saúl, David nunca albergó sentimientos de odio ni venganza contra él.
En condiciones normales (en condiciones «humanas»), David debió haberse alegrado por la noticia de la muerte del rey, pues él sabía que con eso comenzaba su reinado; ahora la corona, el trono y el poder le pertenecían. También debió haber sentido alivio y descanso, pues ya no tendría de quién huir; pero no fue así. Tal fue su dolor por esa pérdida, que se rasgó la ropa en señal de duelo y compuso una endecha en la cual exaltaba las victorias y la valentía de su amigo y de su enemigo.
Existe una diferencia abismal entre lo humanamente normal y lo divinamente correcto. Al respecto, Elena G. de White refiere: «Esta respuesta de David no es la respuesta natural del corazón humano, sino una indicación del amor y de la compasión de Dios que puede albergar un alma humana» (Comentario bíblico adventista, t. 2, p. 603).
Querida amiga, amar a nuestros enemigos es el resultado de una vida en plena comunión con Dios. Cuando alcanzamos ese grado de intimidad con el Señor, en nuestro corazón no puede existir el mínimo rasgo de odio ni malos deseos hacia quienes nos tratan con rigor o incluso injustamente.

Posdata: Feliz por amar al enemigo.

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