Lunes 8 de enero 2018 | Devoción Matutina Adolescentes

Historia de dos “A”

Génesis 22-24

Dios le ordenó: “Toma a tu hijo, el único que tienes y al que tanto amas, y ve a la región de Moria. Una vez allí, ofrécelo como holocausto en el monte que yo te indicaré” (Génesis 22:2).

Abril de 2003. Aron RaLston, experimentado montañista, decidió salir a escalar el fin de semana. Estaba tan seguro de que no correría peligro que no le dijo a nadie que iría a la montaña. Mientras escalaba, encontró una roca que pesaba como 400 kg. Al intentar rodearla, la roca se movió y aplastó en el momento el brazo derecho de Aron contra la pared del cañón. Estaba atrapado donde nadie podría oírlo o verlo, prácticamente “entre la espada y la pared”.

Cinco días después, sin agua ni comida, Ralston enfrentó este dilema: perder la mano o perder la vida. Ralston escogió perder la mano. Cuidadosamente sacó una navaja que traía consigo y se cortó el brazo atrapado para quedar libre. Nunca subestimes el poder del espíritu humano cuando de sobrevivir se trata.

Aunque fue muy doloroso para Ralston cortarse el brazo, ese dolor no se aproxima a la decisión de Abraham, cuando Dios le dijo: “Toma a tu hijo, el único que tienes y al que tanto amas, y ve a la región de Moria. Una vez allí, ofrécelo como holocausto en el monte que yo te indicaré”. Apuesto a que Abraham con gusto hubiera cambiado su dilema por el de Aron.

Por muy duro que sea cercensarse un brazo, debe ser peor tener que matar a alguien que amas más de lo que se puede decir, alguien que sonríe como tú, que quiere ser como tú, alguien a quien has esperado durante toda tu vida. Es la decisión a la que se enfrentó Abraham, y tal como el escalador -ambos nombres empiezan con A-, Abraham pasó el examen.

Es mi parte favorita de la historia: Abraham se levantó de madrugada y ensilló su asno. También cortó leña para el holocausto y, junto con dos de sus criados y su hijo Isaac, se encaminó hacia el lugar que Dios le había indicado (Gén. 22:3). No titubeó. No protestó. Nada de dejar las cosas para más tarde. Solamente obediencia.

Abraham amó a Dios más de lo que amó a Isaac, el regalo que Dios le había dado.

NO DEJES DE LEER

Abraham pierde el amor de su vida, Sara (Gén. 23).

El nene obtiene a la chica de sus sueños (Gén. 24).

 

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADOLESCENTES 2018

UNA AÑO EN LA PALABRA

Dwain Neilson

Lecturas Devocionales para Adolescentes 2018

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