Lunes 2 de octubre 2017 | Devoción Matutina Adolescentes

¿Por qué no lo vemos?

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADOLESCENTES 2017 FUSIÓN Melissa y Greg Howell Un punto de encuentro entre tú y Dios Lecturas Devocionales para Adolescentes 2017

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADOLESCENTES 2017
FUSIÓN
Melissa y Greg Howell
Un punto de encuentro entre tú y Dios
Lecturas Devocionales para Adolescentes 2017

“Mientras conversaban y discutían, Jesús mismo se acercó y comenzó a caminar con ellos. Pero aunque lo veían, algo les impedía darse cuenta de quién era” (Lucas 24:15,16).

La noche que Greg me pidió matrimonio lo confundí con un borracho. Me da vergüenza admitirlo, pero intenté huir de él. Yo estaba en casa por vacaciones cuando mi hermano Russell me invitó a pasear por una de nuestras sendas preferidas, que va hasta la cima de una colina, y ver desde allí las luces de la ciudad. Yo ya le había mencionado a Greg que aquel me parecía un lugar increíblemente romántico, pero ¿cómo podía imaginar que allí me pediría que me casara con él? Además, eran época de vacaciones y él estaba en su casa, en Ohio, y yo en la mía, en Arizona. No esperaba verlo hasta dentro de diez días. De manera que me sorprendí muchísimo cuando un hombre salió de entre los arbustos y me dijo: “¡Eh, niña!” En mi defensa diré que no sé por qué empleó esa frase para comenzar; pudo haber utilizado otra más suave, ¿no? Pensé que era un borracho que iba a agredirme. ¿Quién sale de repente de entre los arbustos y grita “¡Eh, niña!“? Tuve miedo. Me giré para salir corriendo cuando Russell dijo: “¡Melissa, espera! ¡Gírate!” Miré por encima del hombro y reconocí a Greg, mi amor, allí de pie. Mi hermano desapareció, Greg se arrodilló, con las luces de la ciudad como telón de fondo, y me pidió que fuera su esposa. Fue un momento mágico.

Cuando cuento esta historia, la gente se ríe de mí por no haber reconocido a mi novio, ni siquiera su voz. Intento explicarles que Greg estaba completamente fuera de contexto. Su presencia era lo último que me hubiera imaginado, y creo que los dos hombres que iban camino a Emaús me respaldarían en eso. No logramos entender cómo no fueron capaces de reconocer a Jesús después de estar horas caminando y hablando con él, pero no es tan sorprendente: creían que estaba muerto, que se había ido para siempre. Su aparición era lo último que se hubieran esperado.

Me pregunto si, tal vez, seguimos haciendo lo mismo con Jesús. ¿Nos estamos perdiendo los momentos en los que se manifiesta en nuestra vida simplemente porque no lo esperamos? Mantén hoy los ojos abiertos. No te sorprendas si aparece donde menos te lo esperas y de una manera en la que ni te imaginas.

A veces, los mejores momentos son los más inesperados.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADOLESCENTES 2017

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Un punto de encuentro entre tú y Dios

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