Lunes 19 de marzo 2018 | Devoción Matutina para Jóvenes | El perdón entre amigos

“Quien pasa por alto la ofensa, crea lazos de amor; quien insiste en ella, aleja al amigo” (Proverbios 17:9, DHH).

A partir de 1937, Octavio Paz entabló una gran amistad con Pablo Neruda. Ambos poetas compartieron grandes momentos durante un viaje de Octavio Paz por Francia y España. En 1940 Neruda fue nombrado cónsul de Chile en México, lo que facilitó la frecuente convivencia de dos brillantes pensadores latinoamericanos del siglo XX. Pero surgiría la manzana de la discordia al publicarse Laurel, una antología de poesía española en la que Octavio Paz no se ajustó a las directrices que proponía Neruda. El desacuerdo llegó a tal punto que terminó a golpes en un restaurante. Poco antes de partir de México, Pablo Neruda hizo declaraciones sobre la “absoluta desorientación” y la “falta de moral civil” que prevalecía en la poesía mexicana. Paz y sus amigos respondieron a Neruda a través de un texto publicado en la revista Tierra nueva: “Su literatura está contaminada por la política, su política por la literatura y su crítica es con frecuencia mera complicidad amistosa. Y así, muchas veces no se sabe si habla el funcionario o el poeta, el amigo o el político”. La reconciliación tardaría veinte años en llegar, en ocasión del Festival Internacional de Poesía en Londres (Inglaterra). Paz diría al respecto: “Musito el nombre de Pablo Neruda y me digo: lo admiraste, lo quisiste y lo combatiste. Fue tu enemigo más querido”.
Ambos poetas se influyeron mutuamente. Aquella amistad, a pesar de quebrantarse durante tantos años, enriqueció sus vidas. Pero un día hubo que ceder y ofrecer disculpas, lo cual ennobleció aún más a estos maestros de la palabra. Pablo Neruda recibió el Premio Nobel de Literatura en 1971. Octavio Paz lo recibiría en 1990.
Un desacuerdo similar ocurriría después entre otros dos titanes de la literatura: Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa. El 12 de febrero de 1976, durante la exhibición de una película en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, Vargas Llosa propinó un golpe seco en el rostro del escritor colombiano, poniendo punto final a una entrañable amistad entre dos brillantes novelistas. A pesar de la profunda admiración que se profesaban, esta vez no hubo reconciliación. Ninguno de los dos estuvo dispuesto a ceder. García Márquez recibiría el Premio Nobel de Literatura en 1982. Vargas Llosa en 2010.
Las verdaderas amistades también pasan por momentos tormentosos. Por grande que sea el agravio, quien pasa por alto la ofensa crea lazos de amor. ¿Acaso no merece la pena recuperar una valiosa amistad?
Este día pide al Señor que te ayude a reconciliarte con aquellos que amas.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2018
¡RENUÉVATE!
Alejandro Medina Villarreal
Lecturas devocionales para Jóvenes 2018

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