Lunes 17 de febrero
ENCUENTRO NOCTURNO
Las personas famosas, ricas y socialmente bien ubicadas no intimidaban a Jesús. Cristo nunca se resintió con la élite social ni la reverenció. El Salvador sabía que la prosperidad financiera no podía ofrecer paz, contentamiento personal, relaciones significativas o propósitos bien profundos. El magnate más rico puede estar más solo, vacío y enojado que el creyente cristiano más sencillo, pobre y humilde.
Analiza el encuentro de Jesús con Nicodemo (Juan 3:1-15). ¿Qué eventos probablemente estimularon el interés de Nicodemo en el mensaje de Jesús? (Indicio: repasa Juan 2:13-25.) ¿Cuál fue el mensaje central de Cristo para Nicodemo?
Nicodemo había presenciado el poder y la autoridad de Dios revelados en el ministerio de Jesús, y procuró encontrarse con él, pero en secreto. Jesús podría haber rehusado hacerlo así pero, no queriendo que ninguno perezca, aceptó esa oportunidad de llevar a Nicodemo más cerca del Reino. La pobreza de Nicodemo era espiritual, no material. Era rico en bienes del mundo y ocupaba una elevada posición social; no obstante, estaba hambriento espiritualmente.
Nicodemo se rebeló ante la sugerencia de que los israelitas educados como él necesitaran conversión. Sin embargo, Jesús persistió, y le presentó a Nicodemo la opción eterna entre la condenación y la salvación. Temiendo el ridículo, Nicodemo rehusó aceptar la invitación de Cristo. Al parecer, la entrevista había fracasado. Pero, esa semilla espiritual quedó enterrada y germinó lentamente.
“Después de la ascensión del Señor, cuando los discípulos fueron dispersados por la persecución, Nicodemo se adelantó osadamente. Dedicó sus riquezas a sostener la tierna iglesia que los judíos esperaban ver desaparecer a la muerte de Cristo. En tiempos de peligro, el que había sido tan cauteloso y lleno de dudas, se manifestó tan firme como una roca, estimulando la fe de los discípulos y proporcionándoles recursos con que llevar adelante la obra del evangelio. Aquellos que en otro tiempo le habían tributado reverencia lo despreciaron y persiguieron. Quedó pobre en los bienes de este mundo, pero no le faltó la fe que había tenido su comienzo en aquella conferencia nocturna con Jesús” (DTG 148).

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