Lección 1 | Martes 2 de abril 2019 | El ciclo de las estaciones | Escuela Sabática Jóvenes

MARTES 2 DE ABRIL
EL CICLO DE LAS ESTACIONES
Evidencia: Sal. 90:10; Ecl. 3:2; Isa. 61:3
Nuestra vida es muy corta. El promedio de vida humano en general es de unos setenta años, y la Palabra dice: «Quizás alcancemos hasta los ochenta, si las fuerzas nos acompañan» (Sal 90:10). Las estaciones de la Tierra proveen una imagen salvífica de la vida. En el Invierno, el suelo se endurece. Los murciélagos, los osos, los zorrillos, las serpientes, y hasta las abejas hibernan, y los árboles pierden su follaje mientras que las raíces quedan preservadas debajo del suelo.
El invierno es la estación más oscura, ya que las noches son más largas y los días se hacen más cortos. En la primavera, los animales despiertan de su sueño o regresan de haber migrado a climas más cálidos, generalmente con recién nacidos. La vegetación dormida brota en un despliegue magnífico de colores. El verano trae días más largos y noches más cortas. El otoño es la preparación para el Invierno, y las noches se vuelven a alargar. Entonces, la vegetación cae a la tierra como señal de que la vida vibrante se desvanece. La tierra queda desnuda y abatida. Y el ciclo comienza una vez más.
Este es el ciclo de la vida y la muerte. Salomón lo relata perfectamente en Eclesiastés 3:2, donde dice que hay «un tiempo para nacer, y un tiempo para morir; un tiempo para plantar, y un tiempo para cosechar». Dios promete, en Isaías 61:3 (NTV), vida de la muerte y «belleza en lugar de cenizas» para todos los que confían y creen en sus promesas de salvación. Pero quienes rechazan la promesa divina de salvación, como dice Malaquías 4:3, serán polvo debajo de los pies de los justos.
La historia de Sara y Abraham muestra que Dios tiene preeminencia sobre la muerte, la vida y el tiempo. Sara y Abraham no habían tenido hijos hasta que Dios los visitó en los campos de Mamre, y entonces él les prometió un hijo. Sara, que tenía noventa años, era estéril y ya había pasado la edad de poder tener hijos. Pero la promesa de Dios probó ser cierta porque nuestros tiempos y nuestra vida están en sus manos, sea que vivamos o muramos.
Como los árboles en invierno que vuelven a brotar en la primavera, Dios preservó la vida que había plantado en Sara para que su promesa salvífica hecha a Abraham se hiciera realidad. Los propósitos de Dios ocurren por medio de las promesas que hace. Nada es demasiado difícil para Dios. En el momento indicado, la promesa se hace realidad. Cuando nos aferramos a las promesas de Dios, nosotros, así como Sara y Abraham, tenemos la seguridad de saber que no hay nada que temer. Tenemos paz cuando nuestro amor y confianza están afianzados en la Palabra de Dios (Sal. 71:5).
PARA PENSAR Y DEBATIR
¿A qué promesas bíblicas te puedes aferrar para tener esperanza y confianza en Cristo?
¿Cómo revela la naturaleza el plan de salvación de Dios?
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Lecciones de Escuela Sabática para Jóvenes
Lección 1: ara el 6 de abril de 2019
LOS RITMOS DE LA VIDA
2er. Trimestre 2019 – Las Etapas Familiares
Narración: Adan Vicente

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