Jueves 16 de agosto 2018 | Devoción Matutina para Jóvenes | El secreto es no rendirse

“Si en momentos difíciles te rindes, muy limitada es la fuerza que tienes” (Proverbios 24:10).

Carlos I de España y V de Alemania (1500-1558) fue hijo de Felipe el Hermoso y Juana de Castilla, hija de Isabel y Fernando, los célebres Reyes Católicos. Desde muy niño perdió a su padre y fue apartado de su madre. Su tía Margarita se encargaría de su educación. En enero de 1516, su abuelo, el rey Fernando de Aragón, redactó su testamento nombrándolo gobernador y administrador de los reinos de España en lugar de Juana de Castilla, incapacitada para reinar. Años después, en 1519, recibió la noticia de la muerte de su abuelo paterno, Maximiliano, mientras estaba en Lérida, camino a Barcelona. Carlos formaba parte de la línea directa de sucesión del Sacro Imperio romano germánico. Pero no era el único. También estaba el que sería su principal rival en el futuro: Francisco I, rey de Francia. Carlos invirtió mucho dinero en conseguir los votos necesarios para convertirse en la cabeza del imperio. Al final, logró su cometido, pero la rivalidad con el monarca francés se mantuvo a lo largo de su reinado. En varias ocasiones se enfrentaron en el campo de batalla y mantuvieron una complicada situación diplomática. Incluso, Carlos hizo prisionero en una ocasión a su oponente y le impuso varias medidas. Pero una vez libre, el rey de Francia obvió los acuerdos y se preparó para luchar una y otra vez contra el emperador. Lo cierto es que Francisco no dejó descansar a Carlos ni un instante y lo obligó a dar siempre su mayor esfuerzo en las estrategias políticas, lo cual le permitió consolidar su imperio.

Alguien puede pensar que Carlos V habría tenido un reinado mucho menos accidentado sin la presencia de su beligerante vecino del norte. No obstante, Franfois Mignet (1796-1884), el brillante historiador francés, ve en la rivalidad con Francisco I una de las causas de la grandeza del emperador, que comenzó a cometer errores cuando desapareció su eterno contrincante.

La vida está llena de situaciones desafiantes que nos obligan a realizar grandes esfuerzos. Por supuesto, sería mucho más cómodo no tener que enfrentar circunstancias adversas, pero no es así como se logra el desarrollo del carácter. Elena de White dice: “La tentación, la pobreza, la adversidad son la disciplina que se necesita para desarrollar pureza y firmeza” [El Deseado de todas las gentes, p. 52).

No es rehuyendo los problemas como vas a solucionarlos. Las dificultades no se resuelven solas. Tienes que enfrentarlas. Pero no estás solo, no lo olvides. Al lado de Jesús las cosas son muy distintas. ¡No pierdas la oportunidad de experimentarlo y crecer como persona!

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2018

¡RENUÉVATE!

Alejandro Medina Villarreal

Lecturas devocionales para Jóvenes 2018

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