Jueves 14 de agosto 2025 | Devoción Matutina para Damas 2025

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2025 POSDATA: Más feliz en Cristo Sayli Guardado Lecturas Devocionales para Mujeres 2025

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2025
POSDATA: Más feliz en Cristo
Sayli Guardado
Lecturas Devocionales para Mujeres 2025

La venganza tiene dueño

«No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: «Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor»» (Romanos 12: 19, RV95).

«Ojo por ojo y el mundo se quedará ciego», dijo una vez Ghandi. Pero Jesús ya había dicho siglos antes que el «ojo por ojo» no tiene vigencia.
Sin embargo, para algunas personas, convenientemente esa parte de la Biblia dictada a Moisés les sirve para respaldar sus deseos de venganza. La venganza es capaz de dirigir, a quien la posee, a cometer los actos más viles y horrorosos.
Hace muchos años, en mi ciudad natal, causó mucha tristeza e indignación la noticia de una niña que fue encontrada muerta en un cubo de basura.
La asesina fue su tía, quien con engaños había pedido a la niña para llevarla al cine. Debido a un problema anterior que había tenido con su hermana, decidió vengarse de ella vicariamente haciéndole daño a su sobrina. Serían interminables las historias que podríamos contar que tuvieron origen en ese podrido sentimiento llamado deseos de venganza (historias incluso personales y familiares). El fin siempre es la muerte. La venganza es como un cáncer incurable que acaba con la vida del corazón en el que habita. La exhortación de Pablo a los romanos es clara: «No se venguen», mejor dejen que Dios actúe, porque la venganza es de él. Sí, la venganza tiene dueño; no es tuya ni mía, es de Dios.
La venganza no crece por sí sola, sino que requiere un terreno fértil para desarrollarse. Cuando hemos sido ofendidas y sentimos molestia por las acciones de otros contra nuestra persona, nos convertimos en terreno fértil para la venganza. Ahí comienza la lucha interior por decidir si la tomamos u optamos por el camino del perdón. Cuando el perdón no es una opción ante la ofensa, el deseo de venganza cobra fuerza y se nutre con la ayuda del odio. No hay paz para los corazones donde el deseo de venganza ha hecho metástasis.
Querida amiga, la venganza no es un plato dulce ni se come fría. Quien decide vengarse daña a dos personas: al otro y a sí mismo. Dejemos que sea Dios quien se encargue de vengar las ofensas que otros hayan causado a nuestras vidas. Dejemos en sus manos las injusticias que nos duelen pero que, si confiamos en Dios, no deberían robarnos la paz. Él es justo y su justicia dará al impío su recompensa; pero, para los justos, tiene preparada la patria celestial.

Posdata: Feliz sin venganza.

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