Jueves 11 de mayo 2017 | Devoción Matutina para Adolescentes | Un enemigo ha hecho esto

“El acusador se alejó de la presencia del Señor, y envió sobre Job una terrible enfermedad de la piel que lo cubrió de pies a cabeza” (Job 2:7).

Nos despertaron los fuertes golpes en la puerta de entrada. Greg se levantó rápido y bajó las escaleras atropelladamente. En la puerta había un hombre uniformado con una libretita en la mano. Detrás de él, una grúa con las luces intermitentes. “Estoy aquí para llevarme su auto -dijo el hombre- Hace más de un año que ustedes no pagan las cuotas. ¡Deberían haber pagado sus facturas!” Nos quedamos sin palabras. Nunca habíamos dejado de pagar un solo mes; es más, hacía menos de un año que lo habíamos comprado. El hombre comprobó los papeles una vez más y miró la dirección. Sin dudas, estaba en el lugar correcto. “Tengo que llevarme su auto”, dijo de nuevo, pidiéndonos disculpas. Fue ahí que me di cuenta de que la marca y el modelo del auto no coincidían. Parece que aquel hombre buscaba a los antiguos inquilinos de nuestra casa. Ante el error, el hombre escribió algo en su libretita y nosotros recuperamos nuestro estatus de personas que pagan sus deudas.
Es horrible ser acusado de algo que no has hecho, y eso es lo que le pasa también a Dios. Piensa en todas las cosas de las que acusamos a Dios diariamente, por la simple razón de que él tiene el poder de impedir que pasen y no lo hace. Lo acusamos de todas las malas decisiones que tomamos, de los errores de los demás, de las consecuencias de nuestros pecados… Es más, lo culpamos por las cosas que hace Satanás. Incluso en el libro de Job, cuando Satanás es claramente el que le causa dolor al patriarca, Job cuestiona a Dios.
Un profesor que tuve en la universidad nos enseñó que, cuando nos sintamos tentados a culpar a Dios de algo, digamos más bien: “Un enemigo ha hecho esto”. Cuando vemos a gente buena afectada por incendios, inundaciones, desempleo, enfermedad, problemas e incluso la muerte, a menudo culpamos a Dios cuando, en realidad, deberíamos culpar al enemigo. Él es quien causa el sufrimiento y la muerte, no Dios. El enemigo es el responsable de todo lo malo y lo ha sido desde el principio.
La próxima vez que algo en tu vida vaya mal, resiste la tentación de culpar a Dios, cuya única responsabilidad es la de haberte dado la libertad de tomar tus propias decisiones. Y aunque nosotros somos responsables por nuestras malas decisiones, el resto de la culpa la tiene el enemigo. Así que, cuando suceda algo malo, culpa a quien realmente tiene la culpa. En lugar de acusar a Dios, aprende a decir: “Un enemigo ha hecho esto”. MH

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADOLESCENTES 2017
FUSIÓN
Melissa y Greg Howell
Un punto de encuentro entre tú y Dios
Lecturas Devocionales para Adolescentes 2017
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