Jueves 10 de junio 2021 | Devoción Matutina para Damas 2021

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2021 PINCELADAS DEL AMOR DIVINO Erna Alvarado Poblete Lecturas Devocionales para Mujeres 2021

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2021
PINCELADAS DEL AMOR DIVINO
Erna Alvarado Poblete
Lecturas Devocionales para Mujeres 2021

Esto es el amor: perdonar

«Perdonen y se les perdonará». (Lucas 6: 37, NVI)

TODAS, EN ALGÚN MOMENTO, al ser objeto de una ofensa, hemos sido aconsejadas por terceros a perdonar al ofensor. Sabemos que perdonar es un principio cristiano que debemos poner en práctica, pero no es sencillo hacerlo. Perdonar es un proceso que toma tiempo; requiere recursos espirituales y emocionales, mucho valor y reflexión no solo sobre lo sucedido, sino sobre la vida y la salvación.
Para muchas personas, quedarse estancados en la ofensa es más cómodo que echar mano de los recursos que hagan falta para dejar ir el rencor y el resentimiento con valentía y mirando hacia el futuro de ambas partes. Quedarnos en la ofensa es una manera de seguir siendo rehenes permanentes del dolor causado por una traición o un daño puntuales. Significa hacer responsable al ofensor del sufrimiento propio; significa decidir cada día quedamos estancadas en la victimización. Nadie, aparte de nosotras mismas, puede encadenarnos a la autodestrucción generada por la ofensa. ¿Será sabio eso? Siendo que la falta de perdón esclaviza, cierra el flujo de la felicidad y nos impide ser libres, ¿tendrá sentido tomar la decisión de no perdonar?
Quizá desde tu perspectiva, el ofensor no merece perdón, y te satisface hacérselo saber con reclamos, desprecios, malos tratos e insultos, sin darte cuenta de que el castigo o la penitencia que crees infligir es en realidad un auto- castigo y una penitencia que pagarás en tu propia vida.
El perdón es una donación de amor; del amor recibido de parte de Dios, quien, siendo nosotros aún pecadores, no solo nos perdonó sino que se entregó a sí mismo a una muerte ignominiosa en la cruz, castigo reservado para malhechores y criminales. Perdonar no es justificar la ofensa ni pasarla por alto; tampoco significa abrir la puerta a ser ofendidas en el futuro por la misma persona. Se puede perdonar y a la vez poner límites saludables que protejan tu integridad y tu condición de hija de Dios.
Cuando perdonamos, llega la paz; y lo hace en tres dimensiones: 1) paz con Dios, 2) paz contigo misma y 3) paz con el ofensor. Esperar hasta que te ofrezcan una disculpa es tiempo perdido, pues quizá nunca llegue y, mientras esperas, tu crecimiento personal se estanca. ¿Por qué impedirte a ti misma voluntariamente disfrutar del gozo de vivir sin rencor?
Sea nuestra oración: «Perdónanos el mal que hemos hecho, así como nosotros hemos perdonado a los que nos han hecho mal» (Mat. 6: 12).

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Erna Alvarado Poblete
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