Domingo 4 de septiembre 2022 | Devoción Matutina para Damas 2022

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2022
SIN MIEDOS NI CADENAS
Vanessa Pizzuta
Lecturas Devocionales para Mujeres 2022

Sin efectos especiales

«Y el Señor vino y llamó igual que antes: “¡Samuel! ¡Samuel!”. Y Samuel respondió: “Habla, que tu siervo escucha”» (1 Sam. 3:10, NTV).

Cuando el joven Samuel oyó la voz de Dios por primera vez, le pareció que era Eli quien le hablaba. No sonaron truenos ni centellearon relámpagos. La voz de Dios no vino acompañada de ningún tipo de efecto especial de los que Hollywood usaría. De hecho, fue justamente porque la voz sonaba tan normal que Samuel pensó tres veces que era Eli quien le hablaba. Algo similar le sucedió a Elías.
Asomado desde la entrada de la cueva, en Horeb, Elías observó el viento destrozar las rocas y hacerlas añicos; luego, vino un terremoto y luego, un incendio. ¡Todos los efectos especiales juntos! Sin embargo, la presencia de Dios no estaba en ninguno de esos fenómenos. Finalmente, vino un suave murmullo, y al oírlo Elías se cubrió el rostro. Muchas veces pensamos que Dios no nos habla porque esperamos que su voz suene grave y profunda, como la voz de los locutores de radio de antaño. Creemos que Dios les habla a otras personas, más santas y más consagradas, pero no a nosotras. La verdad es que oír la voz de Dios es el privilegio de todo creyente y Dios ya está hablando contigo; solo debes aprender a reconocerlo.
Aunque Dios puede hablarnos de forma audible, muchas veces lo hace a través de un suave murmullo en nuestra mente, inspirándonos un pensamiento. Pero como muchas de nosotras tenemos mentes ruidosas, llenas de las demandas urgentes del día a día, de preocupaciones y aun de las palabras hirientes que alguien nos dijo cuando éramos niñas, nos cuesta reconocer que esa es su voz. Cuando aprendemos a afinar el oído, con la ayuda del Espíritu Santo, ¡la transformación es sorprendente! Repentinamente, comenzamos a oír a Dios, que nos susurra mensajes de amor y sabiduría a lo largo del día.
«Dios nos habla en todo lugar y en todo momento», escribe Samuel Williamson en Hearing God in Conversation [Oír a Dios en conversación], «aunque tal vez más a menudo en las tareas comunes y en la rutina: al cortar el césped, al sacar la basura, al conducir hacia una tienda… Cuanto más aprendemos a oír su voz, más a menudo la oímos».
Dios quiere hablarnos. Como el joven profeta, debemos decir: «Habla, Señor, que tu sierva escucha», y prestar atención al suave murmullo.

Señor, gracias porque tú me hablas a diario. Hoy te pido que me guíes, que inspires mis pensamientos y que me hables en medio de la rutina del día.
¡Habla, Señor; tu sierva escucha!

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2022
SIN MIEDOS NI CADENAS
Vanessa Pizzuta
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