Bosquejo | Lección 1 | Los ciclos de la vida | Escuela Sabática Pr. Edison Choque

Una metáfora sobre las estaciones de la vida, cuenta que un hombre envió a sus 4 hijos en búsqueda de un árbol, el cual se encontraba lejos a una gran distancia.

El 1º Hijo se fue en INVIERNO
El 2º Hijo se fue en PRIMAVERA
El 3º Hijo se fue en VERANO
El 4º Hijo se fue en OTOÑO

Cuando ellos regresaron, el padre les preguntó sobre lo que habían observado.

El 1º Hijo comentó que el árbol era horrible, doblado y torcido.

El 2º Hijo comentó que el árbol estaba cubierto de un hermoso follaje y flores.

El 3º Hijo comentó que el árbol estaba lleno de brotes florales, y que desprendían un aroma dulce, fresco y hermoso.

El 4º Hijo comentó que el árbol estaba cargado de frutos, lleno de vida y esplendor…

Entonces el hombre explicó que todos tenían la razón porque cada uno de ellos había observado solamente una temporada en la vida de aquel árbol.

La lección es que no se puede juzgar a nadie, solamente por una temporada de su vida.

La esencia de la vida, solo puede ser medida al final, cuando todas las etapas de su vida se han reunido.

Bienvenidos al bosquejo de la lección de la Escuela Sabática.

Estamos en la primera lección de este segundo trimestre del año.

El titulo General es: Estaciones de la familia

Y el titulo de la lección de esta semana es:
Los ciclos de la vida.

Tocaremos tres asuntos en la lección de esta semana:

Los ciclos de la vida.

Los cambios inesperados de la vida

Las transiciones de la vida

Los ciclos de la vida.

Eclesiastés 3:1 dice que:
«Hay una temporada para todo, un tiempo para cada actividad bajo el cielo»

Algunas temporadas son naturales, y otras llegan inesperadamente.

Pero en medio de todo, hay dos promesas que debemos recordar.

Primero:
«Mientras la tierra exista, habrá siembra y cosecha, frío y calor, verano e invierno, y días y noches» (Gén. 8: 22)

Segundo, que lo más importante es que: en todas las etapas de la vida, Dios está a nuestro lado.

Él nunca nos dejará ni desamparará (Gén. 28)

Esta semana me toco pasar por un periodo invernal.

Perdí mi madre. Fue uno de los días mas tristes de mi vida.

Pero la promesa bíblica que animó mi corazón fue que: “Aunque andes en el valle de la sobra o de la muerte, no temeré mal alguno, por que Dios estarás conmigo”

El mismo Jesús enfrento la realidad de la muerte.

Jesús fue claro al afirmar que la vida consiste en mucho más que simplemente esperar la muerte.

Jesús dijo:
«Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?» (Juan 11: 25-26).

La decisión de evitar la muerte eterna es nuestra.

Cambios inesperados en la vida.

No todos los cambios son negativos.

Las Escrituras registran historias de cambios imprevistos que colocaron a diversos personajes en posiciones de honor e influencia.

José, después de pasar años de esclavitud y prisión, fue escogido por el Faraón para que fuera su segundo después de el (Gén. 41: 39-42).

Moisés, el hijo adoptivo de la hija del Faraón, tuvo que huir para salvar su vida, pero más tarde emergió como el líder del pueblo de Dios (Éxo. 2-3).

Daniel, el joven hebreo, fue promovido de esclavo a una función importante en el gobierno de Darío (Dan. 6: 28).
Esther, la hija adoptiva de su primo judío, se convirtió en reina y esposa del rey Asuero (Ester 2).
Estos héroes y muchos otros fueron interrumpidos inesperadamente en lo que hacían cuando Dios los llamó.

Transiciones:

Las estaciones no cambian repentinamente, sino de manera gradual.

El invierno frío y estéril da paso a las flores y el verdor de los árboles en la primavera.

Las transiciones son graduales, casi imperceptibles.

Nosotros también cambiamos lenta y sutilmente.

Los discípulos de Jesús cambiaron a medida que pasaron tiempo con él.

El apóstol Pablo reconoció esta realidad y señaló que en el proceso de crecimiento en Cristo hay muchas batallas que pelear, y que en ocasiones las perdemos.

Pero al final Dios nos dará la victoria en la guerra.

Aplicaciones.

Dios creó a Adán precisamente para que desarrollara relaciones.

Dios dijo: «No es bueno que el hombre esté solo» (Gén. 2: 18).

Dios le dio la familia para viajar juntos en la vida, eso hace más fácil el transito por las estaciones difíciles de la vida.

Soy grato a Dios por mi familia, que estuvo a mi lado en el momento de dolor.

Salomón explicó:

“Mejor son dos que uno, porque si caen, el uno levantará a su compañero”;

Quieres agradecer a Dios por tu familia?

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